Capítulo 6: El perro-lobo.

"No hace falta ser una casa encantada para sentirse hechizado. El cerebro tiene pasillos que superan el límite del espacio físico." Emily Dickinson.

No recuerdo cuantas veces me he saltado las clases este mes. Unas diez a lo mejor. Pero eso es lo mejor del segundo trimestre.
El bar de la esquina opuesta al instituto esta abarrotado de chicos y chicas de mi edad e incluso más pequeños. Pasamos de largo viendo a través de las cristaleras: Mesas llenas de jóvenes, unos llevan portátiles, otros un café en la mano e incluso dos chicas sentadas encima de sus respectivos novios.
La mochila se me resbala de un hombro y procedo a ponerme el asa bien, cuando una mano se acerca y me la pone. Recorro con la mirada la mano, el brazo, el hombro, el cuello y la cara de mi acompañante. Es castaño con ojos celestes, Nausi no se había equivocado en escoger. Sus dedos agitan el asa izquierda de mi mochila hasta ponerla bien, situada casi en la clavícula. Andamos algo rápido intentando llegar lo más lejos posible del instituto y saltando algunas calles por las que mi madre suele pasar a comprar. Los ojos se me empañan del frío y me coloco la bufanda encima de la boca. Cierro los ojos y me seco las gotitas saladas que éstos dejan al cerrarse. Mis manos están heladas, siempre me he negado a ponerme guantes, los odio. La carretera está algo vacía y supongo que es porque todos están trabajando. El chico tiene las manos metidas en los bolsillos de su sudadera y la nariz algo roja. No se me ocurre nada que hablar, pero no me molesta ese silencio, es más, me parece grato. Sé donde quiero ir, lo que de verdad no sé es si él me quiere acompañar. Me mira disimuladamente y yo sin querer a él también, el contacto visual nos obliga ha hablar.
-¿Qué tal?- Decimos los dos a la vez. Cuando nos damos cuenta agachamos la cabeza y perdemos el contacto. Una sonrisa se hace debajo de su bufanda azul marino y me devuelve la mirada.
-Entonces… con Justin ¿eh?
-¿Pero que le pasa a todo el mundo?, ¿No puedo enrollarme con alguien?- Digo sin mirarlo y pegándole petaditas a una piedra que rebota y luego vuelvo a alzar.
-No… solo que tú…
-¡Oh! Joder, no me digas tú también que soy una mojigata.
-No, en realidad iba a decir que eres muy tímida.
-No soy tímida. Pero tampoco me gusta enrollarme con el primero que encuentro, en su baño.- El chico suspira y baja la mirada a la piedrecilla que ahora se encuentra en su camino. Una patada, otra. Dos minutos interminables de silencio ensordecedor. Parece que le ha causado algo de corte lo que he dicho, pero yo no soy tímida. Solo directa, cortante.- Bueno…
-Por cierto, bonita entrada.- Comenta de nuevo mirándome y dejando atrás la piedra. Alzo la vista hacia él. Tiene los ojos húmedos del frío y ahora son más celestes que nunca.
-Ya…- Me sonrojo.
-Yo también veo CSI.-Dice sonriéndome.
El silencio nos lleva hasta la puerta de la biblioteca, el lugar de mi destino. Tengo varias cosas que cuestionarle a la bibliotecaria y otras cuantas a los libros. El chico me mira algo desconcertado, por su expresión no sabe si seguir hacia delante o quedarse conmigo. Le invito a pasar parándome en el porche de la biblioteca. Él me mira con media sonrisa.
El corazón debe de estar tan congelado que no siento las pulsaciones. La sangre debe de haberse atorado en alguna arteria. En ese momento algo brilla el la muñeca de el chico. Abro tanto los ojos que él lo nota, suspiro tan hondo que creo que me he tragado más de un bicho. Una O griega brilla como la mía en la muñeca derecha de él. Le cojo la mano y la siento congelada tal y como la mía. Observo que es realmente lo que pienso mientras él me observa con expectación. Cierro los ojos y me echo una mano a la cabeza.
-Vamos.- Lo llevo al interior de la biblioteca donde hace al menos 15 grados más. Me quito el chaquetón y lo coloco en el suelo al lado de mi mochila, mi acompañante hace lo mismo. No hay nadie como de costumbre.
-Si encuentras a la bibliotecaria avísame.- Le digo  introduciéndome en uno de los pasillos repletos de libros y observando como él se mete en otro. Durante el trayecto intento acordarme del nombre del chico. Recuerdo que me lo dijo Nausi, pero no consigo averiguarlo…
Los libros son tan viejos que si quitas uno de los de abajo, los demás seguirían incrustados como piedras.
Una mata de pelo se mueve al final del pasillo, una cola, y un hocico húmedo, gigante. Un pelo gris, negro y unos ojos tan azules que parecen casi incoloros. El final del pasillo de estanterías está la pared de madera muy antigua que no es la misma que la de la entrada. Me acerco poco a poco a esa criatura que más que un perro parece un lobo. Y es que era enorme. Sus ojos se clavan en mí y amistosa y juguetonamente mueve la cola de un lado a otro. Yo me paro en seco y espero una reacción del animal. Su lengua sale del hocico y sus orejas se alzan tanto como pueden. Sin más, salgo corriendo como si estuviera en un callejón de Nueva York y me persiguiera un asesino en serie. Sí, veo demasiados programas policíacos. La bestia me persigue y me pisa los talones mientras corro desesperadamente y gritando por todos los pasillos de la biblioteca.
-¡Joder, joder, jodeeeeer!
-¿Yanet?- Sigo la voz masculina que sale de uno de los pasillos mientras escucho sus pasos correr. Salgo del pasillo perseguida por la bestia y ésta seguida por el chico. Ahora todo parece tan patético. Una puerta de Madera con incrustaciones se alza ante mí y sin pensármelo dos veces entro a oscuras sin dejar pasar a nadie. No veo absolutamente nada más que la oscuridad más oscura que he visto, bueno que en realidad no he visto. Los ladridos lejanos del perro me hacen recomponerme del susto y jadeo agachada con las manos en las rodillas. Mi respiración es forzada. Cuando pasan diez minutos estoy lista para salir de nuevo. Busco el picaporte en la oscuridad y cuando topo con él lo giro sin emitir ningún sonido. Miro por lo poco que he abierto la puerta. Bien, no hay nadie. Me giro hacia atrás y veo sombras y siluetas de copas, escudos y una bola que brillaba y reflejaba la luz. Salgo despacio caminando hacia atrás casi de puntillas. ¿Y si el lobo se ha comido a el chico de ojos azules? ¡Pero que digo! Poco a poco camino dejando que la puerta se cierre sola. La madera chirria un poco con el contacto de mis converse mojadas. Una respiración acompasada respira detrás de mí y me topo con una pared acolchada a las espaldas. La respiración revuelve los pocos pelos que se han separado del moño y los choca contra mi nuca. <<No es el lobo, no es el lobo, no es el lobo>> me repito. <<¿Pero que coño hace un perro en la biblioteca?>> Todavía de espaldas toco con la mano una tela, tela vaquera. No era el perro. Suspiro hondo y me doy media vuelta. Unos ojos azules entrecerrados me miran y cuando me doy cuenta de la proximidad entre ambos me separo tocándome el pelo. Me percato de que jadea por haber corrido todavía, pero algo peludo detrás de él me hace retroceder.
-Tranquila, solo quiere jugar.- El perro-lobo está atado por una correa y ésta rodea la muñeca del chico.
-Vale, pues no me gusta ese juego.- Digo retrocediendo y chocándome con una estantería.
-Toma.-Me extiende la mano con la correa.
-¿Qué dices?, Anda vamos a coger los libros, otro día jugaremos al escondite con la bibliotecaria y su perro.-Digo dejando atrás al perro-lobo.
-Como quieras.- Dice alzando los hombros y agachándose. Apoya una rodilla en el suelo y le toca algo en el cuello del animal.-Adiós Rufo.-Yo que ya estoy adelantada en el mismo pasillo grito:
-¡Oh, vamos! ¿Le has puesto hasta nombre?-Resignada tiro hacia a delante y busco entre tantas estanterías. Me subo a una escalera para leer mejor los enunciados, ¿Qué estaba buscando en concreto? No lo sabía, tal vez un manual sobre la antigua Grecia. Y lo que tampoco sabía era, el por qué. La imagen de la pulsera de ese chico me viene a la cabeza. Me daban escalofríos recordarlo, será que se han puesto de moda. Ese es el por qué, es por la ignorancia, es por la furia de no saber lo que pasa a mi alrededor. Recorro con el dedo índice cada uno de los títulos de los lomos de los libros cada cual con su textura diversa. Uno en negro me llama la atención, pero no es lo que buscaba. La escalera no da a más y me bajo poco a poco.
-¿Se puede saber que estamos buscando?-Me dice el chico desde debajo de la escalera. Éste la sacude un poco y yo aprieto los nudillos agarrada a ella.
-¿Quieres dejar de incordiar? Casi mejor que te hubieras quedado con “Rufo”
-Solo pretendo ayudar, me debes una recuerda.- Dice señalándome mientras yo llego al último
escalón y me pongo de pie.
-Espera, espera, espera. Yo no te debo nada.-Le digo girándome y echando a andar por otro pasillo.
-Me debes al menos un gracias por haberte hecho salir de Bremen sin que te vieran,¿No crees?- Resignado por la ignorancia me persigue por los pasillos de ese inmenso laberinto. Seguidamente me dispongo a subir de nuevo por una escalera cuando un ejemplar cae a dos centímetros de mis pies. Un gran polvo se levanta y hace que me tenga que tapar la nariz y cerrar los ojos. Sacudo la mano delante de mi cara y cuando creo que el polvo ya se ha diluido bastante en el aire abro los ojos. Mi compañero se encuentra tras de mí con el lobo y juraría que hasta el semblante del animal es algo pálido. Hinco las rodillas en el suelo y me siento en mis pies. Paso la mano por lo que parecía ser el título del ejemplar. Solo que en lugar de unas cuantas letras, había una incrustación muy pequeña en el centro de éste.
Es extraño lo que se siente al descubrir que no eres el único al que interesan estas cosas. Ahora, el chico y el perro se sientan rodeando el libro y mirándome. No me interesa lo que están pensando sobre mi cara, mi palidez, mis grandes pupilas dilatadas, mis sonrojados pómulos y tampoco por el corte que me hice hace dos semanas en el labio y que siempre me cubro con maquillaje. El de los grandes ojos azules es el primero en actuar, el primero que dirige la mano hacia el candado que cierra el libro. Sus ojos se posan en mí, pero yo todavía estoy absorta por la pequeña incrustación en forma de O griega que encaja como si de un puzzle se tratase con mi pulsera y la del chico o con el colgante de Nausi. Las enarcadas cejas de éste le traicionan y descubro que está igual de desconcertado que yo.
-¿Y ahora?-Dice.
-¿Desde cuando tienes esa pulsera?- Le indico el pulso.
-Desde que murió mi madre.
-Oh, vaya...Perdón.-Aparto la mirada avergonzada.
-No te preocupes, fue hace mucho tiempo.
-Perdón por la insistencia, pero, ¿Cuánto tiempo?
- 14 años, casi 15. ¿Pero qué tiene que ver esto conmigo?-Dice cruzado de piernas en el suelo y señalando el libro. Me remango el jerséis y le enseño el pulso.
-¿Y conmigo?
El perro parece asentir y también mira mi muñeca. El chico se queda algo boquiabierto e incrédulo. La curiosidad de abrir el libro es enorme tanto por mi parte como por la suya. Siento como el mundo me tiene engañada, ¿Habrá algo de sobrenatural en todo esto? Todo lo que nos enseñaron desde pequeños, desde que los monstruos no existen hasta que me dijeron que Papa Noel eran los padres. Todo ahora me parece mucho mas frágil. Como un cristal, duro (Como lo es afrontarlo) y frágil (Como es equivocarte). Es una de esas situaciones en las que dices: <<No es posible>>, pero por entonces solo lo había dicho cuado uno de los chicos que me gustaban se enrollaban con una de mis amigas o cuando Lía no se hacía pipi en la cama.
Miro esperándome una respuesta del chico, pero al levantar los ojos me encuentro con la misma mueca que estoy haciendo yo. Un silencio incómodo se hace en la sala.
-Dime,¿Acostumbras a que se te caigan libros, que resultan tener un significado, a un centímetro de los pies?-Pregunta mi compañero de clases.
-Primero: Odio las preguntas largas. Segundo: No, claro que no acostumbro a eso.
-Entonces creo que debemos abrirlo.
-¿De donde sacas la conclusión?
-De que: Descubrimos que tenemos una pulsera que por casualidad es igual, un libro enorme vuela hasta tus pies y resulta que el colgante de las pulseras el una llave que abre ese mismo libro. ¿No crees que son demasiadas coincidencias?-Remata guiñándome un ojo.
-No, seguro que hay una explicación.
-Sí, claro que la habrá y a lo mejor la encontramos dentro de éste libro.-El perro ladea la cabeza.
-No pienso abrir ese libro.-Digo alzándome y sacudiéndome la ropa.-Y tú tampoco lo harás.-Digo ofreciéndole la mano. Él la rechaza y se levanta solo.
-No, yo no soy el único involucrado en esto.
-Tú, yo y Nausi.-Al chico se le pinta una sonrisa.-¿Te gusta eh?
-¿Quién?, ¿Nausicaa?-Ríe aún más-No, es que me estoy acordando de una cosa que pasó esa noche.-Pongo los ojos en blanco, recojo el libro del suelo y ando hacia la salida de la biblioteca acompañada de él.
-Ya... me lo imagino.-Digo pensando en Nausi y él pegados encima del retrete con las piernas entrelazadas y los labios juntos.-Bueno... en realidad mejor no me lo imagino.
-¡Que inocente eres!, no es lo que estás pensando.-El chico recoge su mochila del suelo y yo meto el libro en la mía. Se dispone a salir después de saludar a Rufo, cuando junta las palmas y entrelaza todos los dedos menos los índices y los pulgares. Sin más abre la puerta que estampa su frío en mi cara y grita.-¡FBI Miami, todos con las manos arriba!

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Artikel Capítulo 6: El perro-lobo. ini dipublish oleh Carla pada hari martes, 20 de septiembre de 2011. Semoga artikel ini dapat bermanfaat.Terimakasih atas kunjungan Anda silahkan tinggalkan komentar.sudah ada 4 komentar: di postingan Capítulo 6: El perro-lobo.
 
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4 comentarios:

  1. está genial! xD me encanta el final, con lo de ¡FBI miami, todos con las manos arriba!
    Espero q pronto publiques el siguiente ^^

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  2. Cada dia la historiaaaa es mejor!!! nos encnta tu blog, un besazo :D

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  3. JoJo*-*
    Gracias por los comentarios, me alegro de que os guste :D
    seguid comentando:DDDDDDDDDDD
    La autora;)

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  4. Diría que este es uno de los capitulos que más me han gustado, de verdad. Los ojos de ese chico tienen que ser realmente increibles^^
    Y lo del libro... muchas coincidencias hay. Espero que al final lo abran.
    Voy a seguir leyendooo!! ^^^

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