Capítulo 24: Drakos I


“Si ha de haber conflictos que sea mientras yo viva, que mi hijo pueda vivir en paz” Thomas Paine.


-¿Necesitáis algo más chicos?- Rosanna, la mujer de Lyell dejó sobre la mesa una bandeja de tazas con té de eucalipto con un aspecto verde agua de pantano. Negamos todos con la cabeza observando algo asqueados el panorama.
Duque había decidido pedir alojamiento al señor Lyell dado que su amabilidad le salía por un ojo de la cara y de eso, Duque, se había percatado.

-Siento que tengáis que iros sin solución a vuestros problemas, a veces la gente no sabe de lo que quejarse.- Miro con el ceño fruncido el armario dónde Lyell había guardado a la cabeza.
-No importa Rosanna, nos hacía falta una casa, después de estar tantos días durmiendo a las afueras.
-Yo necesitaba más un baño.- Dijo Nausi en voz baja. Le metí un codazo en el costado y sonreí a la señora Lyell.
-Lyell está preparándoos las camas, siento que tengáis que dormir en el establo, pero miradlo por el lado positivo, al menos los caballos echaron a volar en la estación fría, emigraron a Chaosis. – Recuerdo el día en el que Duque y yo nos sentamos a hablar de nuestro ‘don’. Para entonces no había mal que viera en él. Ahora todo el diferente.

Ω
El establo se dividía en dos plantas, la segunda más pequeña que la primera, pero mucho más acogedora. La madera emanaba calor y el viento silbaba por debajo de las cancelas. El establo no olía mal, es más, era el olor más familiar que había olido desde que dejé Arriba. Apenas podía ver a Nausicaa tumbada a mi lado, bajo la única luz de una lámpara de aceite. La miré, con sus ojos cerrados pero no apretados. Los dejaba descansar bajo la fina tela de los párpados. Me preguntaba si se daría cuenta de que la estaba observando fijamente.
Abajo, en un mar de paja y sobre una tela gruesa descansaba Alex, acurrucado y levemente temblando. Esta vez sabía que no era por culpa del frío, era como si pudiera ver dentro de él. Y es que dentro de él algo estaba cambiando, se estaba consumiendo, se estaba muriendo lentamente. Sentí unas enormes ganas de estrangularme, de ahorcarme, sentí una especie de malestar en mi interior. Era mala, soy mala. Alex estaba consumiéndose. Y yo sabía el porque. Y yo no sabia cómo detenerlo.
Abrí la mochila de Alex, la cremallera pequeña aún doblada por la rama que Nausi entrelazó en el sabotaje. Ahí estaba, un cúmulo de materia mágica. Y era mi materia mágica. Brillaba más y con un color diferente, era azul. Un azul intenso, añil.
Desencajé el gesto. Mis dedos temblaban y la bola botó rodando hacia abajo. Me incorporé corriendo y bajé por la escalerilla de madera siguiendo la luz que transmitía. Sin embargo cuando llegué abajo la luz había cambiado de nuevo. Ahora era verde. Fue rodando hasta las cancelas hasta que su color cambió a amarillo. Me agaché extrañada. Y cuando me puse de nuevo de pie con la bola en la mano pegué un grito.
Había una cara muy familiar justo en frente mía, tanto que tuve que bizquear par poder verla con claridad. Tenía un aspecto blanquecino, frío y sólido. Sin embargo no había alguien que pudiera hacerme sentir tanto calor por mi cuerpo:
-¡Mamá!- No le había llamado así desde que llegamos a Iulius y ahora me sentía renacer, sentía el calor de la bolsa que me rodea, la sangre al nacer en un proceso lento, pero esperanzador. Abracé la figura de mi madre y ella me respondió.
-Mi niña. Te he echado de menos.- Dijo con sus manos rodeando mi cara.
-Quiero salir de aquí, llévame contigo. Vamonos a casa. Quiero irme mamá.
-Pequeña, créeme que quisiera que fuese así. Pero no puedo hacerlo.- Las lágrimas empezaron a traicionarme.
-¿Y qué tengo que hacer para marcharme, no hay otro camino?
-No podemos hacer nada.- Me puso un mechón por detrás de la oreja.- Tu ves el futuro, el pasado y vives el presente. El pasado no lo podemos tocar, pero el futuro podemos modificarlo. Cuida tu presente, haz lo que creas necesario para salvarte, así es como repercutirá en tu futuro.
-No lo entiendo.- Me estremezco y continúo a llorar.- Alex está perdiendo sus fuerzas y Nausicaa es la única en la que puedo confiar. Duque y Bruna…- Miré hacia abajo.
-Lo sé.-Me alzó la barbilla y me miró a los ojos.- Nada es lo que parece, aquí todo tiene una historia. Y quieras o no, ella es tu historia… y la mía.- fruncí el ceño.
-¿Ella? Quién es…- Paseé los ojos de un lado a otro pensando.- Izael… -Afirmó con la cabeza.
-Concentra tu materia en ella, es astuta, tiene poderes. Pero tú tienes más. Y sobre todo: Confía en ti  misma, sólo en ti. Necesitaréis ayuda.- Me abrió la palma de la mano e introdujo algo en ella.- No dudes en usarlo.- Un cilindro pequeño de metal brilló en mi mano. Era un silbato, parecido al de los perros. Dorado. Sacó un frasco pequeño de su bolsillo con un líquido purpúreo.- Dáselo a Nausicaa, dile que su padre está muy satisfecho de ella.- Miré a Alex y mi madre sonrió levemente. Parecía percatarse de todo lo que no me había percatado yo en tantísimo tiempo.- Lo siento hija. Tú sabes cuál es su cura. No es nada que te pueda dar yo.
-Pe…Pero…-Balbuceé.- ¿Morirá?-Mi madre miró hacia abajo.
-No le queda mucho tiempo. Pero eso está en tus manos, tú puedes manipularlo. Recuerda que puedes cambiar el futuro. No te rindas hija.
-¿Y a ti?, ¿Qué te pasará?, ¿Cómo está Iulius?, ¿Y mis amigas?- Atisbé la duda en su cara.
-Yo estaré bien.- Apartó la mirada.- Tus amigas piensan que estáis en Ámsterdam, estudiando.
-¿Y el padre de Alex…?
-Está bien.
-Mamá…No te vayas aún.- Gemí.
-Yanet… Cuídate.- Fue desvaneciéndose de pies a cabeza, en polvo. En ceniza.
-Te quiero mamá.-No sonó realmente. Fue un susurro, como esos que se reescuchan millones de veces en mi cabeza, como la voz de Nausi, o la voz de Duque. Esa voz que parecía emerger desde debajo de una almohada y que gritara, ahogada.


Ω

Pataleaba.
Relinchaba y daba puñetazos contra el suelo. Se doblaba del dolor o de lo que fuera aquello. Eran espasmos muy intensos. No sabía aquello que hacía ni aquello que le estaba ocurriendo. Tenía algo en la garganta y en el estómago que bloqueaba su riego sanguíneo. La pulcritud de su joven rostro estaba desvaneciendo. Las heridas con las que llevaba conviviendo todo este tiempo se cerraban, estaba cicatrizando. Por un momento pensó que todo acabaría, que estaba curado. Y entonces notó un crujido, dentro de él. Se sentó contra la pared. Casi no se dio cuenta de que la puerta de su celda se abría, despacio, silenciosamente.
Su silbido era conocido por todos, esa especie de lamento en el que siempre andaba envuelto. Ese aura elegante y a la misma vez demoníaca.
-¿Lo sientes? Está dentro de ti.
-Creo que si.-Contestó el joven entre suspiros.
-Siempre lo he sabido. Blacke era como tú.- El joven se limpió el sudor con la manga de la camisa dejando ver en el dorso de su mano el símbolo inequívoco de su raza. Los Dracos.- Fue mi servidor, él sabía que vendrías y tú también lo sabías. Lo has visto en tus Ilusions ¿Verdad?
-¿Dónde está Blacke ahora?- Su caja torácica se hinchaba y se deshinchaba repetidamente.
-Se fue... no quiso pertenecer a nuestro grupo...
-¿Qué grupo?
-Aquél que será en el futuro la nueva Orden ¡Hicimos un trato!- Gritó aquél ser sepulcral.- Él quiso marcharse, pero a cambio me prometió que un primogénito suyo volvería para servirme y que éste, poseería más poder que él.
-¿Lo dejaste ir?, ¿¡Por qué dejaste que se marchara!?- El joven escupía las palabras.
-Ahora no lo necesito... Te tengo a ti...- susurró lo último. – Serás mi venganza.
-¿Si hago lo que tu dices... Encontraré a mi padre?
-¡No estás aquí para chantajes!, ¡Estás aquí para cumplir la promesa!: ¡Eres la deuda que estaba ansiando cobrar!- Rugió ante su cara manchada de hollín.
-No lo haré, estoy seguro de que pierdes mucho más de lo que ganas si me dejas ir.- Se puso de pie con la camisa desabrochada y la cara fulminante.
-Yo. No. Te. Dejaré. IR.
Con un golpe seco introdujo sus garras en el pecho del joven, en el lado izquierdo. La sangre no emanaba, pero poco a poco el chico iba retorciéndose más y más. Gritaba, aullaba. A medida que el ser sacaba la mano, un haz de luz relucía desde ella. Cuando la hubo sacado por completo, el chico cayó al suelo.
-Ahora no podrás escapar, estás vinculado a mi por tu corazón. Esta es la mitad que deberías haber compartido con tu dragón. Hasta que no cumplas tu deuda, no tendrás tregua.- El ser se fue fluctuando de la celda y cerró no sin antes aclarar:- De ahora en adelante, te llamaras Duque. Como Tu padre: Blacke Duque.

 


 
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23, segunda parte.


~he aquí un pequeño fragmento que le sigue al cap 23. Siento la tardancia, pero es que tengo que encajar las tuercas de la novela:) 
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Cuando por fin los pensamientos cuerdos volvieron a las andadas en mi cabeza, tan sólo se escuchaba hablar al silencio. Aquél que sin emitir palabra ni sonido nos hacía saber todo lo que necesitábamos saber.  Sin embargo no me desperté con el ya cotidiano sabor a sangre en la boca. Esta vez pude recordar lo que vi, sabía de antemano lo que pasaría. Me había concentrado en un lugar y la Ilusión me había transportado a él. Eso sólo quería decir una cosa.

El periodo de transición había acabado.

- ¡Dichosa bola demoníaca!, ¡Maldigo el día en el que te arranqué la cabeza!- Lanzó un puño a la mesa.

Era mi mente quien no dejaba hablar a nadie mas que el silencio.

-Maldice, maldice… ¡Yo maldigo no tener manos para darte un puñetazo!

-¡Ya he tenido suficiente!- El anciano se levantó y se dirigió a la entrada.- ¡Y no te muevas!- Le ordenó a la bola.

-Soy una bola hablante: ¡¿Cómo quieres que me mueva?!-Tras una pausa el mago llegó con una llave y se llevó a la bola bajo el brazo cual pelota de baloncesto.

Mis adentros crujían tanto que no me dejaban apenas concentrarme en mi alrededor hasta que Nausi me sacudió del hombro.

-Eh tía, despierta. Tenemos que hablar... ¡Yanet!
-Bueno, ¿Alguien me quiere decir que pasa aquí?- Terció Alex.
-Esto no puede ser verdad, Na- Nausi, ¿Cuánto hace que dejamos Harmer?
-Casi tres semanas.- Apoyé mi frente contra la mesa.
-¿Qué ha pasado?- Alex ya no se veía con fuerzas ni para levantarse arrastrando la silla hacia atrás. - ¿Quién es Izael?
-Creo que todo está mucho más claro.- Me alcé hacia la salida del salón sin decir palabra. Detrás pude apreciar como Alex y Nausi se miraban encogidos de hombros.

Los problemas habían llegado demasiado pronto y desde el principio no hubo más que adivinanzas y lo peor era que la respuesta era otro acertijo que no acababa en ninguna parte. Y es que había demasiados cables sin atar. Necesitaba una mano. La mano de alguien que me conociera, de alguien en la cual había confiado siempre. Una persona que seguramente haría que mi cabeza mortal estallase más que cualquier rompecabezas de cualquier mundo mágico. Y es que si Izael había llegado desde el pasado hasta mi con una Ilusion significaba que algo había resurgido de las entrañas de la tierra. Y fuera lo que fuese venía de otros tiempos, tiempos de los que sólo se lo que me han contado y he confiado en que fuera un bien. Porque cuando entras en un mundo paralelo estás perdido; no sabes lo que es un bien y lo que es un  mal, ya que ¿Quién dicta la regla?, ¿Quién te dice que lo que dices o haces está bien? Y...

¿Por qué el fuego no puede herir a una Salamandra?























 
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Capítulo 23, primera parte.




Capítulo 23: Southreign

“De los deseos más profundos surge a veces el odio más destructivo”
Socrates














-¿Cuánto queda para llegar?- Dijo Nausicaa por enésima vez.

Alex nos dirigía por las esquinas más recónditas de Southreign, un Reino bajo el mando del Rey Oxium según recordé decir a Eliott. Aquí Abajo había cuatro reinos muy diferenciados, no sólo por el clima –Ya que en Northreign no subía de los seis grados y en Southreign hacía un calor asfixiante.- Sino por la manera de vestir, las casas y las personas.

Las casas parecían torreones como los del palacio de las Mil reliquias, situado justo en la cúspide de la montaña donde estaba construido el zoco del reino. Las calles estaban flanqueadas por farolillos colgados en las casas construidas en la piedra de la misma montaña.

- Nausi, creo que hemos respondido a esa pregunta cientos de veces.- Dijo Duque empujándola por la espalda para que anduviese más deprisa.- Además, ¿Para qué queda poco si no sabes dónde nos dirigimos?

-Alex, ¿Queda mucho?- Me aventuré a preguntar esta vez yo. Sin embargo no obtuve su respuesta, sino la de otra persona.

-¡El final se acerca!- Una anciana con una pequeña campana en la mano me sacudía por los hombros.- No queda nada joven. ¡Tan sólo seis meses!- Sus ojos eran de un gris plata casi putrefacto debido a su edad.

-No la toques vieja demoníaca.- El brazo de Alex rodeó mi cintura alejándome de aquella señora a la que me quedé mirando por encima del hombro a medida que íbamos caminando.

Sus ojos se tornaron ámbar y justo en medio de ellos una raja negra como aquella que aparece en los gatos cuando hay mucha luz. Un escalofrío me bajó de la cabeza a los pies.

-Así que esos tarados no sólo existen en Nueva Yorck,- Obvió Nausi.

Me giré para preguntarle a Duque sobre el Final, ¿A qué se refería?, ¿Al eclipse? Luego lo miré y él me miró. Sentí sus colmillos clavándose en mis labios por segunda vez y entonces, desvié mis ojos al suelo. Era tan extraña la sensación de tener que confiar en alguien aún sabiendo que te esconde cosas. Me mantuve callada. Después de presenciar las declaraciones de anoche no me venían palabras que pudieran no desvelar que estuvimos justo a unos metros de ellos.

Alex se paró en medio de la calle y yo choqué con él inmersa en mis pensamientos.

-¿Dónde ibas?- Rió como cansado. Me sentí culpable de no haberle dicho que sabía el motivo por el cuál se encontraba así. Giró sus pies hacia la puerta de una casa.- Hay algo que me atrae. Como un círculo de poder que me dice que ahí dentro hay algo.

-Si tú lo dices, Mocoso, adelante.- Insinuó Duque apoyado en la pared de enfrente.

-¿Cómo se toman a los forasteros en Southreign?

-Mal. Nada más ver uno le sacan los ojos con cucharas y lo abren a canal para comerse sus vísceras.- Bromeó Bruna. Alex hizo una maniobra y sacó algo de su bolsillo.

-¿Quieres decir una de estas cucharillas?

-Sí, como esa, campeón. Llama a la puerta ya.- Bruna lo decía convencida. Yo me temía lo peor.

-Trae, ya lo hago yo.- Dije impacientada.

La puerta era robusta, hincada en unas bisagras oxidadas que le daba un aspecto pesado. Di unos golpecillos en la madera agrietada y seguidamente me llevé las manos a las espaldas situándome formalmente y sonriendo. Se escucharon los pasos bajar despacio por las escaleras y más apresurados al llegar cerca de la puerta. Cuando la puerta se abrió todos asomaron la cabeza para ver cómo era nuestro inquilino.

Un hombre de pasados los setenta con nariz protuberante y aguileña nos miraba sonriendo tras la puerta. Sus ojos eran de un perfecto verde oliva, mucho más oscuros que los de Duque. Miró a ambos lados de la calle antes de abrir del todo la puerta.

-Entrad muchachos, no sabéis cuánto tiempo llevo esperándoos.- Lo miré extrañada y volví mi mirada hacia atrás, a mis compañeros. Nausi se encogió de hombros y pasó por delante de mí hacia dentro.

                                                                  *    *    *

Aquella casa tenia un nosequé que te inundaba de calor. Las paredes de madera, aunque agrietadas, se alzaban fuertemente sobre el suelo de piedra. La entrada era simple: Había tan sólo un altar sobre el cual reposaban algunas hierbas humeando y un cuenco enorme de agua. Dejando atrás la entrada había un salón circular lleno de estanterías y repisas en las cuales enigmáticos botes con enigmáticas disoluciones se posaban. En el centro de ésta había una mesa de cristal con tres patas acabadas en una zarpa de león. Encima de ella, una bola también de cristal. Me pregunté si así sería mi Esfera cuando acumulara suficiente materia. Es más, aquello tenía toda la pinta de ser una Esfera.

Desde cerca aquél anciano era aún más bajo y su nariz aún más larga. Tenía una barba negra que colgaba desde su mentón y unas gafas de culo de botella en el puente de la nariz. Se hizo paso a la sala y nos hizo sentarnos en las sillas alrededor de La Mesa de León.

-Antes, ¿Dijo que nos estaba esperando, no es así?- El anciano se levantó a coger un libro de una estantería.

-Señorita Jane, ¿No es así?- Levantó la vista del libro y me miró por encima de las gafas. Asentí.

-Así es.

-Bien, y ustedes deben ser los demás elegidos.- Miró a Nausi y a Alex, ambos sentados a mi lado. Jugueteó con la barba enroscándosela en un dedo mientras miraba fijamente a Bruna y a Duque.- Y vosotros… Nadie me dijo que había 5 elegidos. Bien si las cosas han cambiado tanto quiere decir que me queda poco tiempo en el oficio. Cuando las cosas cambian las personas cambian con ellas.

-Alto, alto, alto.- Dijo Duque.- ¿Quién es usted y por qué sabe quienes somos?

-Todos con la misma pregunta.- Dejó el libro sobre la mesa y se sentó en medio de Alex y Bruna.- No es justo que yo tenga que memorizarme todos los nombres de mis clientes y vosotros nunca sepáis el mío.  Soy Lyell*, Lyell a secas.

-Y… ¿La segunda pregunta?- Dije.

-Muy fácil, todo me lo dice este libro. Cuando una persona tiene la necesidad de resolver un problema al que no ve solución, éste involuntariamente viene aquí. Y mi libro se encarga de escribir vuestros nombres.- Miré el libro. Estaba muy usado, con papeles que se salían de las páginas y los bordes doblados. Aquí parecía que el mundo giraba entorno a los libros.

-Muy bien, ¿Y lo de los Elegidos?- Preguntó Bruna.

-Soy adivino chicos.- Sentenció solemne.

-Querrás decir medio adivino.- Reí mirando a Duque y Bruna. Mi mirada aguantó en ellos unos segundos, lo que tardó mi mente en recordar toda la conversación de ayer noche. Me venían flashes y cada uno me golpeaba. Ni las piezas encajaban, ni ellos decían la verdad.

- Muchachos, eso es debido a que no está aquí mi otra mitad.- Señaló a la bola.- Ahora si me disculpáis me gustaría acabar mi trabajo aquí.- Asintió con la cabeza a cada uno de Los Elegidos.

Duque y Bruna se escabulleron de la sala intentando no tropezar con los artilugios que sostenían las estanterías. Los oí escudriñar tras la pared. Deseé que se le cayera encima.

Desde esa última noche no había podido mirar con buenos ojos a los dos líderes. A pesar de que ya les aguantaba poco la mirada, -A Duque por lo del bosque y a Bruna por sus ojos rojizos.- ahora no podría siquiera atisbar sentimientos en ellos. Mi caparazón se estaba debilitando y cada vez me hacía más susceptible. Toda la confianza que había cimentado sobre Duque se estaba desmoronando por los suelos, y no creí que hubiese manera de barrer los escombros.

La estancia en Southreign no era muy diferente a Northreign: Te hacía sentir una marciana, te hacía creer que si descubrían, te abrirían a canal para investigarte o te diseccionarían. Pero cuanto más tiempo pasaba, cuanto más me acercaba a Rufo y cuantas más visiones tenía, me hacía recordar que si no acabábamos con esto, nos abrirían a canal de verdad. Y no para bienes científicos.

-Hay algo que no entiendo, ¿Por qué dice que tenemos problemas si ni siquiera yo sé cuales son?- Pregunté con los dedos cruzados encima de la mesa de cristal.

-Si estáis aquí es porque estáis metidos en problemas.- Obvió.

- ¿Y usted puede detectar en qué problemas estamos metidos?- Dijo Alex.

-Por supuesto chicos. Pero es un poco complicado saber a qué pregunta os estáis refiriendo. Es decir, si os doy la solución de un problema al que no sabéis que estáis metidos, tendréis que adivinar el problema ¿Me seguís?

-Mas o menos…

- Dejadse de Adivinanzas del Millonaire. Tenemos algo muy importante que buscar y todos sabemos que es.

-Pero eso ya está solucionado, tú eres capaz de dar con Rufo.- Alex no tenía cara de comprenderme. Creía que ese camino era muy retorcido y como siempre, quería hacer las cosas a su manera.

No lo culpaba, era propio de mí buscar la solución más retorcida a los problemas. Eso justificaba los diez últimos minutos que le pedía siempre a la profesora de matemáticas tras los exámenes. Pero sabíamos que nuestro rival, -en caso de que sea tan sólo uno, cosa que dudo.- era igual o más retorcido que yo y si no queríamos acabar de verdad abiertos a canal, tendríamos que poner en práctica mi filosofía.

-Yo tengo una pregunta.- Se atrevió a decir Nausi por primera vez.- ¿Para qué nos quieren llevar a “La boca del león”?- Me quedé perpleja. Por un instante pensé en La Mesa de León. Pero luego recordé esas mismas palabras dichas por Duque: “Ese chico es un encanto. Nos llevará a la boca del león.” – Quiero decir, ¿Qué tiene “La boca del león” que no tenga cualquier sitio?

-¿Qué estás diciendo Nausi?

-Tú calla.

Nausi y yo estábamos pensando lo mismo.

-Veamos si sé a lo que te refieres.- Dijo el viejo enroscándose la larga y fina barba. Pasó las manos de forma extraña por la bola de cristal.- Dime Señorita Sullivan, ¿Qué respuesta crees que debemos darle a estos jóvenes?- En la bola de cristal apareció una cabeza cuyos cabellos fluctuaban dentro de la esfera. Tenía la piel blanca y los pelos negros azabache. Se movía como tinta de calamar en el agua. Parecía aparecer, diluirse y desaparecer por instantes.

-Qué… ¿Qué…Coño…?- Balbuceó Alex. Nausi se quedó mirando el resplandor de la bola. Mis dudas se esfumaron. No era ESA clase de Esfera.

-Sí. Soy una cabeza hablante.- La mujer puso los ojos en blanco y yo pegué un bote al escuchar su voz. Retumbaba dentro de la bola, hacía eco y le daba un toque fantasmal a pesar de que su modulación y frecuencia eran normales. – Soy una cabeza recluía y sola metida en un recipiente de conservas.- Se quejó de nuevo.

-Oh, siempre igual Sulla*. No puedes ahorrarte el sermón ni siquiera una vez eh. ¡Lo hice por tu bien!, ¡Ahora mismo estarías muerta de no ser por mí!

-Bla, bla, bla. ¡Lo hice por ti!- Imitó la cabeza moviéndose de un lado a otro en la bola.- ¡Prefería estar muerta a ser tu coballa, viejo brujo! – La situación me hacía reír: 

-Sulla, no quiero discutir más contigo, lo nuestro es una perfecta simbiosis: Yo no puedo ejercer mi trabajo sin ti, y tú no podrías vivir sin mí.- sonrió satisfecho.

-Eh… ¿Hola? Estamos aún aquí eh.- Intentó hacerse notar Alex.

- ¿¡Ah que no quieres discutir!? ¡Pues bien que discutiste conmigo cuando me intenté escapar! Por no hablar de cuando me encerraste enfadado en la despensa, con los demás botes llenos de de cabezas, y qué me dices de cuando te cabreaste tanto que me metiste en el fregadero con la excusa de: “No te callas ni debajo del agua”-Ignoró a Alex.

-¡Lo hice por tu bien!, ¡Espantabas a la clientela! Debes admitir que te pasas hablando.

-¿Por mi bien?, ¿Que hablo demasiado? Si no me equivoco señor LO-HICE-POR-TU-BIEN, mi oficio aquí es hablar y dar el oráculo a las personas.

-¿Son siempre así?- Me preguntó Alex.

Me encogí de hombro sabiendo de buena tinta que aquello iría para largo. Apoyé mi cabeza en la mesa de cristal y esperé que los aires se calmaran. La bola y Lyell siguieron escupiéndose improperios y acusándose mutuamente de lo que cada uno hace o dejaba de hacer por su bien.

Sin embargo yo ya no los escuchaba.

Dentro de mí había una voz que cubría a las demás, la voz de dos personas a la vez. Gritaba y se atenuaba al final de la frase. Gritaban juntas y acababan a coro. Se elevaba sobre cualquier otro pensamiento, incluso sobre los básicos, aquéllos que recuerdas desde que naciste. Aquéllos que te hacen levantar cada día y decir: Me llamo Yanet Jane Jonson. Pero aquella voz te hacía dudar de ella. Te recordaba que la Yanet Jane que existía se ha extinguido, que ya no vive en un mundo real, que poco a poco se ha ido convirtiendo en otra persona. Que se ha enterrado a sí misma.
Ella lo susurraba, la voz.

<<. Nos llevará a la boca del león>>
<<La boca del león>>

<< Izael Metió el mapa en su saco. La cama con biseles estaba temblando bajo sus rodillas hincadas en ella. Se tumbó por última vez en su cama. Ella sabía que sería la última.
Se marcharía. Tal vez con veintitrés años fuera una decisión inmadura y llena de egoísmo por su parte. Pero ella nunca quiso ser lo que era.
Nuca quiso ser reina.
Llegó a considerar a los reyes como seres ínfimos, llenos de poder y avaricia. Ella quería un mundo suyo. Quería ser la que impartiera las órdenes a pesar de lo establecido por la Orden. Odiaba a los que se subordinaban a ella tanto como a los que se consideraban superiores. Y es que es verdad: Cuanto más tienes, más quieres.
Ella era una Ilusioner nata y una guerrera audaz. Nadie podría usurparle el poder que poseía. Y quería más. Sabía que podría hacerlo sola, pero se había asegurado de que le echaran un cable. Taylor y Blacke, los reyes de Chaosis y Northreign respectivamente. No eran lo suficiente buenos para ella, pero le serviría de bulto. Si aquél libro fuera suyo podría por fin crear lo que ella quiso y desplazaría al Consejo de La Orden creando así un único orden, el que ella impartiera.
Abrió sus verdes ojos. Ojos verdes musgo. Sus brazos aún estaban tras su cabeza a modo de almohada. Se alzó con la mochila en la mano y corrió hacia la pared dónde hace unos años había escrito algo con sangre. Obviamente, no era suya.
‘¿Por qué a mí?’
Recordó aquel día como si fuera ayer. Se reunió con Blacke en el bosque cercano a su mansión. Los dos jóvenes intercambiaron diálogos y tal vez algo más que eso. Se quedaron en verse más frecuentemente y ambos coincidieron en que la misión hacia el libro sería un éxito. Recordó a su dragón bajar de las nubes y la melena castaña de Blacke ondear en el cielo. Recordó su aroma y recordó su última frase antes de marcharse:
-Cuídate hasta entonces. Yo procuraré convertirme en un buen Ilusioner.- Izael contrajo la cara.
-Los Ilusioners no se hacen, sino se nace.
Entonces fue cuando Izael comprendió que todo su alrededor sería un estorbo, que debería arrasar todo y sembrar de nuevo la vida. Una vida pura. Sin mestizos, sin mixtos, sin Drakos y sobre todo: Sin Ilusioner ‘Hechos’.
Izael se dispuso delante del altar que llevaba siglos en su cuarto y que de chica usaba como mesita del té para sus amigos  peluches. Sonrió. Apartó las bolas de cristal que tenía encima haciéndolas estallar contra el suelo. Volvió a sonreír, su mente por fin despejada. Cerró los ojos y visualizó el lugar dónde todo comenzó. Donde El Dios creó a todos, donde nos modelaron, de donde surgimos. Subió encima del altar. Las paredes y el suelo comenzaron a temblar y pequeños trozos de yeso cayeron por toda la estancia. En las paredes se hicieron grietas que poco a poco se fueron abriendo. La primera pared cayó. Izael no parecía inmutarse a pesar de la concentración que estaba ejerciendo sobre su mente. La segunda pared cayó y con ella el techo que se hizo trozos deslizándose sobre la silueta de Izael pero sin tocarla. La tercera pared cayó y la cuarta quedo parcialmente de pie.
Bajo los pies de la joven se hizo un agujero negro que la succionó como dos imanes de polos opuestos. Ella sonreía feliz de haberlo conseguido.
Sus poderes aumentaban por instantes. >> 
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*Lyell: De su parecido a "Leal" en inglés. Dicho  [Loial]
 
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Capítulo 22 segunda parte.




Cartel del capítulo 22.




Algo se abalanzó contra mí. No sé qué. Cerré los ojos. Me hizo daño en la espalda. Pero no demasiado. Me mordí el labio y éste comenzó a sangrar. Algo me rodeaba la cintura y comenzamos a rodar por el terreno. Abrí los ojos. Nausicaa estaba encima mía exhausta y me gritaba.

-¡Pero que diantre haces!, ¿Sabes lo poco que ha faltado para ahogarte?- Cambiamos de posiciones. Yo arriba y ella abajo.

-¿Qué era eso?, ¿Lo has visto?- Había descartado todo planteamiento lógico que pudiera pasar por mi cabeza y que se refiriera a lo que acababa de ver. Toda la lógica fue barrida de golpe.

-Yanet.-Insistía ella en alejarme del agua. Esa sensación de totalidad que había sentido bajo sus faldas parecía ser agarrotada por Nausicaa. No tenía intención de parar y lo supe por su mirada.- Deja de arrastrarte hacía ese ser tan ínfimo, lo que estás escuchando es una Evocatio.- No tenía manera de objetivar nada. Quería sentir de nueva esa sensación. Era algo más que eso, era un sentimiento. La Dríade me volcó y de nuevo quedamos en la posición inicial. – Yanet, estás sangrando.

Una de las características principales de Nausicaa es el asedio. Tiene la capacidad de ir destruyendo todas tus ilusiones, tus salidas, tus esperanzas una a una. Después de ello, te posee, te manipula. Tras soportar tal carga acabas cediendo. Me pregunté si también era común entre las demás Dríades.

La canción salió de mis oídos por primera vez. Mi respiración se hizo acelerada y acompasada.

-No sabes el susto que me has pegado.- Se deshizo de mi Nausi.

-¿Qué clase de alucinógenos me has dado?- Me toqué la cabeza.

- Has debido de  golpearte en la cabeza, ¿Qué pretendías hacer, Ahogarte?

- Había una mujer... y luego una canción. Y después un monstruo.

Nausicaa se puso de pie y me ayudó a levantarme.

-¿Qué es una Evocatio? Lo has escuchado eso, ¿Verdad? La canción.- Agachó la cabeza.

- Sí, pero a la mujer no la vi. Algo me impidió acercarme a ti mientras te hundías. Creo que deberías repensarte lo del golpe en la cabeza.- Recordé aquel promontorio que tenía en la cabeza desde el día del secuestro.

-Que no, que no. Había una mujer, bueno, dos. Pero una era rubia y la otra tenía escamas y los ojos negros.- Nausicaa puso los ojos en blanco y se giró caminando hacia el bosque. –Nausi.- Corrí tras ella para alcanzarla. Se giró con el semblante que transmitía ausencia a toda inflexión.- Nausi, escúchame: ¿Crees que me suicidaría así sin más?

-Pensándolo bien, ¿Por qué no? Hemos perdido todo. Nuestra familia, nuestro hogar, incluso nuestra cordura. ¿Qué nos queda?

-Todo Nausi. Todo lo que nos rodea dentro de un tiempo será cenizas si no nos salvamos.- El viento empezó a azotar las ramas haciendo que las hojas cayesen y por un minuto pensé que todo estaba en llamas y que las cenizas caían del cielo. Extendí los brazos.- Toda la gente que hemos conocido, incluso la que no nos conoce y aún tenemos que encontrar confían en que les salvemos. Somos su única esperanza y tienen razón. Es el Ultimátum, es nuestra única posibilidad. Tuya, mía y del resto de gente.- Mis ojos me traicionaron creando llamas a mi alrededor y moviendo sombras que jamás han existido por la cara de Nausi que paulatinamente desciende y clava la vista en sus pies.

-¿Seguro que no te has dado un golpe?

-Esa excusa está perdiendo autenticidad a cada paso que damos, lo sabes.- Las llamas se disiparon.

-Está bien, te creo.- Resopló. Unas voces se escucharon entre los árboles. Creí que una de las llamas creadas por mí no se había apagado hasta que Nausi dirigió la vista hasta el lugar de donde provenía la luz.- ¡Agáchate!- Me empujó hacia abajo por el hombro.

La luz comenzó a moverse deambulando de un lado hacia otro, como buscando a alguien. Recé porque no fuera yo ese alguien. Tras unos segundos esperando ahí agachadas pudimos diferenciar cierto movimiento unos metros más cerca de nosotras. Andamos a gatas como militares entre la maleza del suelo hasta llegar justo al claro del bosque de donde provenía la luz.

-Creo que se te ha olvidado nuestro plan. ¿No podías ahorrarte el caprichito verdad?- Una melena larga y caoba inconfundible se balanceaba con el viento.

Duque estaba justo frente a ella sujetando una linterna nocturna hacia el suelo. Puso cara de satisfacción.

-No te exculpes de tus actos tampoco, he visto como mirabas al chico.- Bruna se sonrojó.- Además, lo del otro día sirvió para aumentar la confianza entre Yanet y yo. Somos un par, ¿Recuerdas?- Dijo lo último acercándose a Bruna y tocándole la mejilla. Comencé a sentir aquel sutil veneno llamado celos. Ella le apartó la mano de golpe.

-No lo seréis por mucho más. Recuerda nuestro pacto y recuerda a nuestro Amo. Si estoy pasando más tiempo junto a Alex es para nuestro bien. Ese chico tiene mucha energía acumulada y no sabe como utilizarla.

- ¿Sigues con la Tranfusion? Ahora que La Esfera ha perdido materia gracias a tu heroica idea de salvarnos necesitaremos más.- Dijo ahora con semblante serio.

-He comenzado con la Tranfusion de Nausicaa.- Dijo asintiendo con la cabeza.- Pero ella es una Dríade y su materia es de muy bajo nivel mágico. Sin embargo la de Yanet cada vez es mayor y la de Alex sigue sus pasos.

-Alex… -dijo paseándose por el claro.- Ese chico es un encanto.- Fingió caridad.- Nos llevará a la boca del león.

-¿Qué… qué quieres decir?- Dijo curiosa ella.

- Su necesidad de estar junto a Nuckelave me ha hecho las cosas mucho más fáciles. Sin el dragón, pierde sus fuerzas pero eso él no lo sabe. Él nos llevará hasta el chucho y el chucho hasta nosotros.- Cogió una flor que colgaba de un árbol.- Cuando vean que no tienen escapatoria…- La flor comenzó a arder. – Zas.

- Duque, no se cuanto aguantaré sin que se den cuenta. Usurpar materia es perceptible. A Yanet se le olvidan sus Ilusións, Alex se hace más débil y La Dríade no se ve capaz de mover ni una rama. El proceso de Tranfusión es complicado y se suele hacer en cortos periodos de tiempo.- Duque coge de los hombros a Bruna y la sacude de ellos.
- Date cuenta de lo que después no toca. Seremos los seres más potentes del mundo. Si sigues mostrándole a Yanet lo que queremos que vea nos llevará hasta donde queremos. Y tú sabes muy bien dónde queremos llegar.- Bruna se deshizo de él.

- ¿Y qué pasa si sale mal? Si por algún motivo nos vencen.- Dijo. Logré atisbar una chipa de incertidumbre en su mirada.

- ¿Se puede herir a una salamandra con fuego?- Ella negó.- Entonces no se de qué te preocupas. Tú eres invencible.- Hizo una pausa.- Vamonos, no quiero que se den cuenta de que no estamos.

Miré a Nausicaa. No había dicho ni una palabra desde que comenzaron la conversación. Pero sin una sola mirada supe lo que debíamos hacer. Teníamos que llegar antes que ellos al campamento. En cuanto el haz de la linterna se hubo extinguido corrimos guiadas por el sendero abierto por Nausi. Las luciérnagas habían desaparecido y no pude hacer a menos de tropezarme varias veces. La noche era abierta y el ambiente mucho más hostil. Desde el campamento el bosque no invitaba a ser pisado. Y cuando llegamos una pizca de luz casi imperceptible llegaba desde detrás de nosotros.

Me tapé con la manta hasta la nariz y re-escuché en mi mente lo que acababa de oír.
‘¿No podías ahorrarte el caprichito verdad?’
‘Somos un par, ¿Recuerdas?’
‘He comenzado con la Tranfusion de Nausicaa’
‘Él nos llevará hasta el chucho y el chucho hasta nosotros’
‘A Yanet se le olvidan sus Ilusións’
‘Seremos los seres más potentes del mundo’
‘¿Se puede herir a una salamandra con fuego?’
 
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Capítulo 22, primera parte: Dulce carmen*



Capítulo 22: Dulce carmen*.

“La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por si mismo es muy capaz de cualquier maldad”.
Joseph Conrad












-Tal vez si me echaras una mano no sería tan trasto.- Volví a repetirle a Nausicaa. El farragoso fango amenazaba con engullirme. Sentía mis pies hundirse cada vez más en la tierra.

-Tía, yo paso de mancharme. Voy a buscar una diana como la de trazan o algo para sacarte.- De nuevo mostró su falta de interés hacia la situación.

Le tendí la mano pero en cambio de alcanzar a mi amiga me topé con algo más rígido; La empuñadura de la espada de Alex robada a los secuaces.

-No entiendo cómo sigues aguantándola.- Espetó el chico sin añadiduras.

Agarré la Espada y miré a Nausicaa fulminándola. Era ya noche y lo único que alcazaba a ver eran los brillantes ojos de la Dríade. Al parecer, ese matiz azulado, que tanto resaltaba en Alex, ha ido desapareciendo, haciendo cada vez que sus ojos fueran más opacos.

Duque no me había dirigido una palabra desde... Bueno, desde que me hizo un piercing en el labio. A lado de la comisura derecha tenía una herida bastante profunda. Sin duda era grande, maldecía al bosque por no tener espejos donde mirarse.

-Está bien. Acamparemos aquí.- Espetó Bruna.- Mañana saldremos al amanecer, colina abajo hacia Southreign. Os ruego, por favor, que nada más entrar os quitéis esos uniformes.- Nos miró de arriba hacia abajo.

Bruna estaba algo más dirigente que Duque desde ayer cuando me vio aparecer de la mano de él. Mantenía su mirada rígida, fría, de autosuficiencia. Alex vagaba en su mundo. Hacía casi una semana que no era el de antes. Lo pillabas distraído y con la cara siempre adormilada.

Extendí la manta a un lado de la hoguera y alargué mis manos hacia ella. Me froté los brazos para entrar en calor. La luna ya se escindía ante nosotros. El ambiente del grupo era algo hostil. Casi nunca nos dirigíamos una palabra, ni siquiera para preguntar la hora. Y debo confesar que eso, no me gustaba para nada.

Alex se revolvía inquieto en su manta, Nausicaa ya dormía tranquila, Duque y Bruna conversaban algo muy bajo. Debería ser algo importante, porque pocos minutos después se alzaron y caminaron hacia el lado opuesto de donde estábamos. Después, sólo pude ver negro.

                                                         *    *    *

La penumbra se instalaba sobre la hierba fresca. Alguien me estaba tocando el hombro y me sobresalté por un instante. Sin embargo todo desapareció nada más ver sus ojos. Amarillos, como el sol. Por un instante dudé, pero ella se acercó a mi y se tumbó con mi manta.

-¿Vamos a dar una vuelta? No puedo dormir.- Me recordó a aquella chica de hacer unos años que sufría insomnio y que iba al cuarto de su madre a dormir. Yo.

-¿Dónde quieres que vayamos? Nos jugamos la vida Nausi.- Ella me miró suplicante.

-Vamos a buscar a Duque y a Bruna. Hace mucho que se fueron y aún no han regresado.- Se encogió de hombros.-  No sé qué es lo que tienen que hablar a las dos y media de la noche.

-Nausicaa: ¿Cómo vamos a buscar a alguien en un lugar donde somos buscados?- Me agarró de las mano. Sabía que corríamos el riesgo de perdernos o incluso de morir. Y sabía que ella también estaba al corriente de ello.

Por un lado pensé en mantenerme ajena a aquello, pero debía confesar que sentía curiosidad por el paradero de Duque; ¿Qué estarían haciendo en el bosque? Fue entonces cuando me recorrió aquella imagen de él y yo en el claro del bosque, besándonos. Pensé  en despertar a Alex y decirle que fuera con Nausicaa porque “Se estaban adentrando en SU terreno desconocido”. Pero no sería igual. Nausicaa y yo éramos amigas desde los siete años, él tan sólo era otra de las atracciones de circo con las que Nausicaa se entretenía.

-Venga Yanet, no seas mojigata.- Me miró. Sus ojos desprendían luz. Suspiré.

-Está bien. Pero si me quedo atrapada en arenas movedizas, utiliza de una vez tu don para salvarme. Esta vez no estará Alex.- La advertí. Ella sonrió y dio unas palmitas en señal de victoria. Puse los ojos en blanco y aparté la manta de encima mía.

-Venga, cuéntame lo que pasó ayer en el bosque.- En ese instante me di cuenta de que todo era una trampa. No tenía insomnio, sino curiosidad.

Me miró con su sonrisa maquiavélica. Entorné los ojos y fruncí el ceño mientras caminábamos a la deriva. Sin rumbo.

-¿Por qué crees que pasó algo? Sólo hablamos. Nada más.- Se echó  a reír tocándose el labio. Comprendí a lo que se refería.- Vale, vale. Se nos fue un poco la mano.

-¡¿La mano?! ¡Será pervertido el duque de pacotilla! ¡A mi amiga nadie la toca!

-Nausicaa, no era en ese sentido.- Se me encendieron las mejillas y miré hacia la tierra. Nausi apartó una rama que se nos interponía en el camino sin tan siquiera mirarla.

La tierra se iba modelando a nuestros pasos, los árboles encogían sus enormes raíces para abrir un camino. Los cantos de los pájaros nos inundaban y el frescor del manantial hacía que el aire pasase de la humedad.

-          ¿Porqué no pudiste sacarme de las arenas movedizas hoy?
-          Parece ser que mis poderes se gastaron por lo del secuestro de ayer.- Se encogió de hombros. Parecía sincera.
-          ¿Y ahora?-Miré a mi alrededor y al camino que se estaba formando delante de mis pies, a través del bosque.- ¿Cómo es que en tan poco tiempo has recuperado tu energía?
-          Me pasa como a ti, cuando la gasto, se tiene que ir recuperando poco a poco. De todos modos hace una semana que no controlo mis poderes. Es como si alguien me los estuviera usurpando.- Hizo un gesto con la mano y el camino se iluminó por arte de magia.
-          ¿Cómo has hecho eso?- Dije perpleja.
-          Dirás quiénes.

Enfoqué los ojos en el foco de luz que se alzaba a la altura de mi cabeza. Un centenar de luciérnagas se extendían como un manto ante nosotras. Nausicaa estaba en pleno auge de poderes y parecía que por fin había sacado brillo a esa polvorienta neurona y ahora funcionaba.

Las luces que fluctuaban se disiparon al llegar al manantial. Parecía que la vida allí acabara, pues ningún árbol se atrevía a alargarse hasta rozar sus aguas y parecía que para ningún animal fuera un amigo fiable. Nausicaa me miró.

-          ¿No íbamos a buscar a Duque?-Pregunté.
-          No tengo el poder de navegador, me has confundido con Alex.- Tal vez hubiera sido bueno idea traerlo.
-          Al menos podemos descansar.- Nausi parecía fuera de sí. No enfadada, sino ida. Parecía divagar sobre otros asuntos y escabullirse de la realidad.

Realidad. Irónico ¿Verdad?

La dejé detrás de mi y me tumbé a las faldas de la orilla, cerré los ojos.

 Sentí como mis pies descalzos eran lamidos por las aguas frescas y como paulatinamente la marea iba subiendo. Una sensación de plenitud me embriagó y deseé no moverme jamás de donde estaba.

Nausicaa gritaba algo que no lograba entender. Sus labios se movían, mas ningún ruido salía de ella. Parecía que hubiera apretado el botón de Mute del mando de la televisión. Sin embargo sí que podía darme cuenta de lo que pasaba, y es que algo estaba resbalándose por mi tobillo. Como una caricia del diablo.

Un canto fue emergiendo del agua, de las profundidades del manantial. La voz era dulce y a la vez satírica. Su frecuencia era la de una niña pequeña y la canción parecía las que cantaba cuando saltaba a la comba. Me recompuse sentada tocando mi pie mojado y la misma fuerza magnética que atraía mi pie al agua ahora me atraía la mano.

La canción era más fuerte que los gritos de mi amiga que yacía en el suelo revolcándose, pero esto no tenía importancia. Las caricias fueron aumentando y sentí como una mano se aferraba a la mía. Del agua salió una cabeza que acompañaba el canto. Sus ojos eran negros. Totalmente. La superficie del globo ocular era azabache. No poseía pestañas y tampoco nariz. Tan sólo tres rajas en los laterales del cuello. Su piel era verdosa y pálida a la vez. Su cabello verde alga. Su mirada se adentraba en ti y jamás te dejaba de observar. Como la Mona Lisa.

Sus cabellos eran platino incluso mojados, sus ojos verdes y sus dedos larguísimos y finos adornados con unas uñas de manicura francesa. Lucía un collar en su precioso cuello que resaltaba con la palidez de su tez. Conseguía eclipsar a Nausicaa en belleza. Su sonrisa agraciada me distrajo y la acompañé hasta que mi brazo se sumergió entero y su cara quedó cerca de mi oído. Entonces escuché un aleteo detrás de su cuerpo. Sirenas.

Un flash: La chica rubia de ojos verdes. Otro flash: Un ser monstruoso con garras y piel verde.
Un flash: Me susurró el final de la canción al oído. Otro Flash: Me clavó sus zarpas en el brazo.
Un flash: << Es un placer conocerte Yanet>>. Otro flash: << Y un placer devorarte>>
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*Dulce carmen: Latinismo que significa  “bella canción”
 
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Tantatachántachán.

huolitáh!:D
¿Qué tal bloggers? Resulta que como me estoy retrasando con el capítulos 22, os voy a dejar un fragmento de una película que tiene que ver con ese cap. Espero que lo disfruteis:D
 
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Capítulo 21: Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.


Capítulo 21: Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.
“Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía".
Euripides






Alex se cargó la espada de los secuaces en la espalda. Con el reverso de la manga se secó el sudor de la frente. Parecía aún aturdido del ajetreado despertar.

-Le he perdido la pista al dragón. No me lo puedo creer.- Enfadado clavó la espada en el suelo y se sentó en una roca que había a unos metros de la carroza destrozada.

-Lo que no entiendo es una cosa.-Dije.- Si aún queda tiempo hasta el eclipse y sólo entonces la maldición desaparece, ¿Por qué hay secuaces del submundo aquí?- señalé la tierra.

-Nadie dijo que serían seres de la Fórcida Yanet. Pero si lo eran, han saboreado su propia moneda. El fuego.- Duque miró a Bruna que yacía en el suelo apoyada contra un árbol. Me senté al lado de Alex.

- Bruna es una chica caliente.- declaró Alex. Abrí los ojos como platos y le propiné un codazo.- ¡¿Qué?!, ¿Acaso miento?

-No se la temperatura corpórea de Bruna, pero estoy segura que es menor que la que tienes ahora mismo encima.- Dije separándome un poco de él.

La declaración me dejó algo aturdida. ¿Acaso no deseaba que, por muy vasto que fuera aquel piropo, se refiriera a mi? Bruna es la chica nueva y por tanto terreno desconocido. Lo desconocido atrae y más si es la reencarnación de Angelina Jolie con ojos marrones. Alex se estaba adentrando en aquél terreno.

-No seas tonta Yanet. Tú siempre serás mi chica.- Me rodeó el cuello con un brazo y comenzó a frotarme la cabeza con un puño.

-¡¿Qué haces?! Me estas despeinando. Suelta.- Me zarpé de sus brazos.

-¿Rechazas mis cariños?- Fingió un enfado.

Desde unos matorrales un poco más lejos de donde se situaba Bruna salió Duque, envuelto en un aura misteriosa. Corrí para ver si estaba bien.

-Mal. Mal. Mal. Lo habéis hecho todo mal. Hemos perdido materia mágica, no hemos podido ver la Ilusión de Yanet y encima uno de los hombres ha salido vivo y ahora mismo estará contándole a todos de nuestra presencia.- Se echó las manos a la cabeza.

-Yo... Lo siento Duque. ¡Fue Bruna la que quiso mi materia!, ¿Qué clase de ser eres?- Dije aunque Bruna aún estaba en estado latente.

-Es una Salamandra.- Anticipó a decir Alex.

-¿Y tú como sabes eso mocoso?- Dije desde el suelo, a su lado.

-Tú estuviste horas con mister musculitos sin sacar ningún fruto. Yo al menos aprendí leyendo.-Se encogió de hombros.

-¿Las salamandras no eran peligrosas?

-Creo que acabas de tener una demostración.

-¿Y una salamandra puede ser también una guía de la tierra de Abajo?

-Por supuesto.-Dijo Duque.- Cambiando de tema. ¿Qué hay de la Ilusión?- Se giró hacia mi.

-No lo sé.- Miré al suelo cabizbaja.- No recuerda nada.

-Eso es porque no puedes concentrarte con tanta gente, vamos a un lugar más tranquilo.- Duque cogió mi mano.

-¡Eh, señor musculitos!, Yo tengo el mismo derecho de saberlo como tú.-Alex se puso de pie.

-Tú no tienes ni idea de esto mocoso, ¿Cómo vas a escuchar a alguien si ni siquiera sabes escucharte a ti mismo? Estás desvariando. No sabes aún que eres ni...- Lo miró y luego me miró a mi.- Lo que quieres.

¿Qué quiere Alex?, ¿A mí?, ¿Para qué me quiere? Es imposible, ¿Qué valor tengo yo para Alex? Me estremecí. Seguro que Duque estaba hablando de otra persona. Tal vez Alex me quería para hacer las cosas a su manera y no como Duque está marchando. En ese caso, ¿Qué tengo que necesite Alex?

-Como digas.- Duque tiró de mi hacia el bosque. Me quedé mirando a Alex por arriba de mi hombro. Miré sus adormilados ojos, su cara triste y sus labios, los cuales formaban un arco en depresión.

Dentro de mi había algo que me instaba a seguir a su lado, en el lado de la resistencia, de no creer en todo aquello. Pero por otro, ¿Por qué preocuparse de mi si podía meterse en terreno desconocido? Duque seguía tirando de mi mano cuando llegamos hasta un claro de bosque. Recé porque supiera volver.

-Duque ya te he dicho que no recuerdo nada. No se como tengo que hablar para que me tomes en serio.- Me paré frente a él.

-Oh, Oh. La pequeña Yanet quiere jugar a ser mayor. Venga, suéltalo. Sabes que siempre he sido un apoyo para ti.- Me tocó el pelo, balanceándolo sobre los hombros para que finalizaran meciéndose a la altura del pecho derecho. Apoyó sus antebrazos en mis clavículas. Odiaba esa proximidad y a la misma vez adoraba su atractivo.

-Yo no estoy tan segura.- Duque frunció el ceño como pidiendo el por qué.-Nunca has dejado que los demás participen. No has dejado que tome mis decisiones.

-¿Quién fue la que se perdió en el bosque? Venga, apúntame de nuevo con la espada y veamos lo que consigues sacarme ahora.- Duque acercó su cuerpo al mío y bajó sus amplias manos hasta mi cintura.- ¿A caso no fue idea tuya lo de seguir con esta búsqueda macabra?

-Sólo intento tomar decisiones. Y perdón por lo del otro día. Fue un arrebato de desesperación. Jamás te haría daño. Yo...- Bajé la cara y de inmediato Duque me levantó la barbilla con la mano.

-No pidas perdón, me estás siendo muy útil.- Fruncí el ceño pensando en esa frase que se repitió en mi cabeza una y otra vez. El aspecto de Duque no detonaba así que supongo que se refería a las Ilusions.

-¿Tú nunca Tienes Ilusions?- Me atreví a preguntar. Él asintió.

- Cuando pasas la fase de transición son más inusuales. Además, desarrollas tu don y con el tiempo puedes elegir qué ilusión ver y cuando. Las controlo.

-¿Y por qué no usas tu poder para saber qué ocurrirá con nosotros?- Sus ojos miraban los míos, como si de ellos pudieran sacar toda la información que contengo.

-Te has olvidado de nuevo de lo fundamental. Estamos acumulando materia. Si utilizo mi don perdería mucha energía y materia. Aún así, ahora soy incapaz de crear una ilusión o un círculo como el que hiciste tu la ultima semana. Yo no estoy en la fase de transición ni tengo tanta materia acumulada como tú.- Sonó un “tú” larguísimo.- ¿Te das cuenta que eres la única Ilusioner que existe que puede abrir círculos por sí sola? Yo no podría sin tu ayuda.- ¿Iría por eso lo de “me estás siendo muy útil”?

-Me alegra que pueda ayudar tanto.- Sonreí.

-Ahora pequeña; si me contaras tu última ilusión me harías muy feliz.- Fingí parecer interesada en decírsela aunque no la recordaba.

-Hagamos un trato.- Duque se apartó algo de mi y yo apoyé mis manos en su fornido pecho.- Te contaré la Ilusión, cuando yo vea una tuya.

-¿Pretendes verla? Tendrás que estar pegada a mi todo el rato por si acaso no llegas a tiempo.- Sonrió mostrando sus colmillos.

-Correré el riesgo de perderla.- Reí.

-¡¿Significa que no quieres estar a mi lado?!- Me meció de un lado a otro con los brazos rodeados a mi.

-En absoluto...- Rocé su barbilla con mi mano y miré sus trianguladas facciones. Por un momento pensé que sus ojos se tornaban rojos, pero cuando parpadeé de nuevo seguían de aquél esmeralda mate tan familiar para mi.

¿Eso es lo que quería? Estar a su lado. No lo sabía bien. El corazón me estaba latiendo tan fuerte que parecía que estuviera intentando salir. Como una mariposa que cada vez vuela más y más alto hasta que sólo la mira alcanza a atraparla.

Dejé caer mis brazos alrededor de su cuello y cerré los ojos. Sentí la inminente presión sobre mis labios entreabiertos. Sentí como mi labio superior quedaba atrapado por los dos de Duque. Boqueé como un pececillo sin moverme. Apretó su cuerpo al mío, su cintura con la mía. Salté sobre él rodeando su tórax con las piernas y él me agarró con más fuerzas. Jugamos a atraparnos con los dientes. Sus colmillos me herían pero no podía parar, sin saber por qué esa macabra sensación me estaba gustando. Podía engulliste ahora y me seguiría gustando.

Sentí el viscoso mejunje rojo salir de mi garganta. Sus dientes no paraban de apretar. Y cuanto más sangraba con más fuerza insistía.

Entonces una frase me volvió a la cabeza. No sabía qué significaba, sería otro misterio como el del extraño símbolo en la pared de mi habitación. Resonaba dentro de mi y se apoderaba de mi ser. Era superior.

<<-Nos abstendremos a las consecuencias más tarde.
-Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.>>

“Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde”

Respiré. Me solté y respiré. Miré a Duque y respiré. Espiré.

                                                            *   *   *

-¿Ya venís de meterse mano?- Chilló Nausicaa.- ¡Buscarse un hotel!- No me percaté de que mi mano se mecía con la de Duque.

Alex alzó la mirada aún cansada. Desde hacía unos día la luz que brillaba a su alrededor había ido consumiéndose hasta llegar a ser nula. Bruna estaba a su lado y miró con reproche a Duque pero lo disimuló puesto que no era totalmente evidente lo que había pasado en el bosque. Ni si quiera yo estaba segura de lo que había pasado.

-¿Podemos ahorrarnos las explicaciones e ir al grano?- Dijo la chica con repugnancia hacia Duque.- ¿Dónde vamos ahora?- Miró a Alex.

Este se levantó de un tronco donde estaba sentado. Se crujió los dedos de las manos y la cabeza.

-¿Preparados para presenciar mis dotes?- Todos asentimos de mala gana. Giró sobre sí mismo y tras varios pasos atrás y delante optó por pasar por el medio del bosque.

-¡Moveos!

 
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