Capítulo 18 segunda parte.

La sumisa expresión de Duque me hizo no dejar de analizarlo mientras él apretaba mi mano y esta rodeaba la bola. Su gesto era lánguido, sus estilizados músculos se habían contraído y las finas y azulinas venas se marcaban por todo el brazo. Posaba la atención al algo particularmente, aunque mis ojos no pudieran distinguir el qué, no parecía tener importancia.

Las palabras no fluyen.

Sus afilados colmillos mordían su labio inferior de vez en cuando y él sillón, que se hundía cada vez más, le hacía escurrirse estirando su tórax y estructurando los abdominales bajo la camiseta pegada. Sin duda, unas vistas provechosas.

La mano me quemaba tanto que pensé que saldría en llamas. Tanta acumulación me estaba dando quebradero de cabeza. Nadie se atrevía a romper el hielo. Hasta que sonó un estruendo proveniente de la boca de Duque.

-¡Qué asco! Menuda forma de comenzar ha hablar con una señorita.- Fruncí el ceño.

Por fin parecía que sus fracciones se desenvolvían y su cara dejó de tensarse para mostrar sus colmillos. Se encogió de hombros.

-Mejor fuera que dentro.

-¡Qué clase de modales te enseñan en palacio! Menudo ejemplar de duque estás hecho.- Le espeté con todas las fuerzas que pensaba que me quedaban.

-Escucha Yanet,-Dijo sumido de nuevo en su fatídica vista hacia el horizonte.- has tenido una Ilusión, ¿No es así? Puedes decírmelo, no te voy a comer.

-¿Cómo sabes que la he tenido?- ¿Me estaba vigilando?

-¿Cómo crees que te he encontrado con Alex?-Me quedé boquiabierta, ¿Qué especie de alienígena mutante era este tío?- No, no pongas esa cara por favor. No soy ningún bicho raro, tan sólo como tú. Es ese chico… Apesta.

-¿Quéeee?, ¿Qué estás diciendo?, ¿qué criatura eres?, ¿Un sabueso?

-No me intimidas con tus preguntas. En absoluto, no soy ningún sabueso, tan sólo tengo buen olfato, ese chico se las trae estoy seguro, no hay suelo por el que no haya pisado que no apeste a él.- Me dijo.

-¿Yo también desarrollaré ese ultraolfato?- le dije señalándome a mi misma.

-Es probable, pero para ello necesitarás bastante tiempo. Y ahora mismo no tenemos.- Duque separó mi mano de la suya y la luz que radiaba la esfera se hizo más tenue.- Ahora tenemos que reponer fuerzas para el próximo día. Y tú señorita, me contarás con todo lujo de detalles tu Ilusión.

Suspiré.

Está bien, pensé. Comencé con la primera Ilusión que padecí, aquella en la que el lobo me llevaba corriendo hacia un lugar del que desconocía su nombre. Le conté cómo me sentí al arañar aquel altar y que al parpadear todas las enredaderas volvieran a estar en su sitio. Me sentí como el Titanic, balanceándome en el agua de la esperanza hasta que todo se volvió negro. Hasta que perdí, me rendí al sueño. Procedí con el segundo del en el cual me recordaba hundiendo mis rodillas en el barro enfrente de una lápida, con miles y miles de tumbas y mausoleos que flanqueaban las calles del Jardín de la Paz. Cesé de pensar un momento. Luego procedí con algo de más soltura. Todas las demás Ilusións me habían pasado aquí, y él sabía ya todo. Había acabado mi monólogo y Duque parecía tan interesado que sólo le faltaba tomar nota. Luego le conté cómo estuve de nuevo en aquel lugar y como el mismo ente me persiguió por lo que en un pasado pudo ser el lugar donde estaba el altar.

Supe que había acabado la hora conjunta cuando Duque me dio unos golpecitos en el hombro y se marchó dejándome sola. La magia de la Esfera desapareció. Aún la tenía en la mano. Me levanté y fui a mi cuarto donde la guardé en el cajón de la mesilla de noche.
Si duque la quería podía esperar sentado.

Corrí con mi vestido Amarillo pollo hacia las escaleras que llevaban al sótano de piedra. El olor a humedad me embriagó de cabeza a pies. Dejé que mi vestido limpiase las escaleras a medida que iba bajando, la colada esta semana le tocaba a Eliott. Una tenue luz iluminaba la estancia y de espaldas a mi, me encontré con unos hombros anchos y una piel blanquecina.

Cuando se giró supe que llevaba allí al menos diez horas. Sus bolsas de los ojos parecían los bolsillos de los marsupiales, las arrugas que le caían desde la nariz hasta las comisuras eran notables y decir que su pelo era blanco era un eufemismo, estaba cano. 

Vacilé en acercarme dos segundos, lo que tardó él en abrir boca.

-Adelante Yanet, ¿traes buenas nuevas para mí?- Dijo haciendo un gesto con la mano sobre el otro extremo de la mesa.- Ven entra, siéntate.

-Eh… sí, claro.- Tome asiento justo enfrente de él en su escritorio.

-Dime jovencilla, ¿Qué te trae por la madriguera de Lacrias?

-He… he tenido una…-Apenas me salían las palabras de lo acelerado que tenía al pulso al no haber repuesto fuerzas.- He tenido una Ilusión. –Le solté.

-¡Fenomenal! Por fin sabremos algo más que nada. Vamos, cuenta mujercilla, adelante, soy todo oídos.

Volví a repetir el discurso que pronuncié tan sólo cinco minutos antes y cuando hube acabado le pregunté a Lacrias:

-¿Tienes idea de dónde puede encontrarse ese lugar?

-Jovencita.-Dijo cogiendo un libro de la estantería.-Ese lobo o perro o lo que quiera que sea,- Dice ojeando las páginas.- Era igual que este…

Lacrias abrió un libro y lo dejó en la mesa, tras varios segundos este proyectó una imagen algo desenfocada de un Lobo de ojos infinitamente grises y de hocico húmedo. Estaba dejando ver sus colmillos y moviendo la cola.

-¡Es él!, ¡Es Rufo!-Dije saltando como una niña chica y señalando la proyección.- ¡El me condujo hasta el altar!, ¡Él sabe donde está!- Miré esperanzada al viejo que tenía delante.

-Cariño, esto no es un perro.-Dijo posesionándose unas gafas en el puente de la nariz.

-Bueno, entonces es el lobo que me condujo…

-Tampoco es un lobo.-Me interrumpió él.- Se llama Nuckelave, es el reptil más grande que existen por los reinos y si es dócil como tu me contaste debe de ser de raza Dragón. Su estructura ósea permite transformarse en animales de compañía.- por poco no me caigo de la silla. ¿Cómo es eso posible?

-¡¿Un dragón?! Pe…pe…pero si era un perrito juguetón… no puede ser.-Balbuceé intentando que se me entendiera.

-Vosotros los de ahí arriba tenéis una idea equivocada de los dragones. Un dragón suele tener un dueño, una persona a la que ligarse, por lo general son animales pacíficos a menos que no te apoderes de su territorio. Y lo más importante de ellos; Tienen uso de razón, así como de sentimientos.

-Ahora entiendo por qué ponía las caras que pone y por qué torcía la cabeza al hablar del libro. ¿Dónde estará ese perro?-Dije frotándome las sienes.

-Podemos buscarlo por aquí, no existen muchos ejemplares de dragones, hay muchos más grifos.- Lacrias sacó un libro y éste proyectó un buscador en la pared. En las páginas del mismo había una especie de teclado con letras irreconocibles y en la pared se proyectaban las letras. Luego pulsó una tecla y en la pantalla salieron infinidades de files sobre dragones.

-¿Qué es, google del submundo?- Dije mirando los animales que salían en la pared.

-Algo parecido, pero, ¿Para qué necesitamos las decadentes tecnologías si podemos usar la magia?

-Tienes razón. Veamos, ¿Por qué no buscas un dragón que no esté ligado y que se convierta en Lobo?

-Buena idea Yanet, pero es aún mejor que vayas a descansar y yo me ocupe de esto. Son casi las ocho de la noche. Recuerda que lo que te da la noche no te lo puede dar el día.- Me dijo. Le miré con cara confusa y ratificó con un gesto.- Supongo que quería decir: buenas noches Yanet.

-Está bien, iré a mi cuarto y me echaré un rato. Pero necesito respuestas, no las dejeis encerradas en el sótano por favor.

-Si así lo quiere así será.-Me sonrió.

                                                      *    *    *

- Hoy Duque me ha enseñado lo que puedo hacer.- Nausicaa estaba sumergida en la bañera con las piernas hacia afuera y bañadas en un mejunje que decía ser crema depilatoria. Aunque por el color verdoso no lo diría. La dríade hizo un cuenco con sus manos llenas de agua y lo mirño fijamente. A continuación el agua fue levitando y se hizo una bola a la altura de su cara. Sonrió con gesto de autosuficiencia y seguridad. Desplazó la bola hacia mí y la mire fijamente. Nausi hizo un gesto con la mano y la bola de agua estalló ante mi cara, mojándome entera. Escupí lo que me había tragado de agua sobre ella.- No, no, no, no, no, no, que asco, no por favor.- Gimió desesperadamente.

-¡Te vas a enterar pequeña mocosa! Acabas de lavarme la cara con resto de los hongos esos que te esta poniendo en las piernas.

-No son hongos, me dejará unas piernas brillantes y sin pelos. Yo que tu cogería el poco que queda y me lo untaría por todo el cuerpo.

-A ti te falta una tuerca. ¿Dónde está Lena?-Pregunté buscando al ciervecillo que en tan sólo unos días se había convertido en toda una hembra como Nausicaa.

-Está en el ropero.- Dijo señalando la puerta que llevaba a su cuarto.

-pobre animal, ¿Qué clase de ama eres?

Sentí la Voz de Alex por el pasillo que provenía de la entrada y corrí con la toalla enrollada en el cuerpo. Nausi salió de la ducha y me alcanzó hasta su puerta. Miramos las dos al unísono por la puerta donde apareció Alex acompañado por una chica altísima –más que Nausicaa- de pelo caoba y ojos almendrados, su tez era blanquecina y sus pestañas no parecían acabar. Eran los ojos más profundos que habían visto jamás, casi rojos como la sangre.

Parecían divertirse cuando la chica dio un repentino golpe y corrió a saludarse de él. Tras darse la vuelta y caminar hacia la entrada miró por encima de su hombro hacia nosotras, un punto fijo en el largo pasillo, hacia algo de lo que prescindía, algo que miraba y parecía gustarle maliciosamente.

Miraba hacia mi.

 
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Capítulo 18: Ilusioners.




“Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás”. Winston Churchill


Acumular materia mágica no es tan difícil como creía que era. Tan sólo tenías que sentarte en frente de una esfera. Ella se ocuparía del resto; concentrar materia sin que salga ni entre nada.

Los dos últimos días he estado durmiendo más de la cuenta, el brillo de la pequeña bola estrechada entre mis dedos me impregnaba de un aturdidor calor e inmediatamente caía en el sueño como si de una chimenea se tratara.

Lacrias había decidido indagar sobre la teoría de Duque, bueno, mi teoría. Se pasaban horas juntos en la biblioteca de la casa, donde Lacrias tenía el estudio. No podía evitar sentirme aliviada cuando el hombre sin ombligo se paseaba por la casa en busca de Duque y su aplastante interés por mi. Al menos unas horas al día podía despegarme de la mano aquella bola y dársela a Duque para que pusiera de su parte.

La tercera fase del día teníamos que estar juntos. Si bien la primera fase me tocaba coger la bola a mi y la segunda a él, a la tercera deberíamos cogerla ambos, algo que resultaba incómodo a la vez que ridículo. Cada minuto que pasábamos hacía que los cimientos de nuestra...¿Amistad? se fortalecieran. O al menos, no tardé en acostumbrarme en depositar mi confianza en él.

Supongo que aquello de la confianza se hizo una competición por ver quien era más inocente.

Nausicaa se paseaba sonámbula todas las noche por Harmer y cada día la encontrábamos en la cocina al lado del frigorífico. Justo anoche tuve que ir al servicio y un crujido de madera me hizo pegar un bote. Cuando abrí la puerta pude ver a la dríade seguida de su ciervecillo dirigiéndose a la cocina. Allí abrió la nevera y sacó lechuga. Seguidamente se la ofreció al animalillo.

Ella también había compartido horas con Duque –nada que ver con mi cita de 24x24 horas- que le hablaba sobre su pasado y de la capacidad que tenían de inspirar a cualquier hombre. Como las musas.

También me refirió que las dríades al ser el deseo de todo hombre, tenían un singular poder de persuasión. Y de eso, no cabía duda.

Por mi parte, aún me quedaban muchas clases con el señor musculitos y me temía que llegara antes el verano que el libro. Febrero había pasado y marzo prometía ser algo más frío que de costumbre, aun así, la nieve se derretía de los tejados de las casitas del zoco.

Las visiones no habían vuelto desde la última reunión clandestina y eso se debía a que la esfera estaba absorbiendo de mi toda la magia. Me empezaba a preocupar, pero sin duda no echaba en falta las Ilusions, quería dejar de ser una psicópata poseída.

Lacrias había sacado de su armario por primera vez unos vaqueros y una camisa blanca conservando su toque hippie en el calzado nulo. Eliott me traía el desayuno todos los días a la cama y Alex... bueno, Alex sigue siendo Alex, al menos seguía siendo el chico buenorro de los arañazos.

Alex era el único que no había pasado por las manos de Duque y él mismo se consideraba puro en ese sentido. Aunque insistí diciéndole que no era una tortura, él negó con un: -No quiero ser n segundo plato para nadie. Alex pensaba que el único motivo por el que Duque se había mudado era para estar más cerca de “Dos tías macizas”

La paz en Harmer se palpaba en el ambiente.
-¡¿Quién coño a cogido mi cepillo de dientes?! Siempre está en el lavabo.- Escuché a Alex desde su habitación.

Curiosamente la habitación que había elegido Duque compartía baño con la de Alex.

-Lo siento, lo siento.-Insistió Duque con tono burlesco.- Es que como no había escobilla del retrete...

-No esperaba que tu capacidad cerebral no alcanzara a diferenciar una escobilla para el retrete de un cepillo de dientes.

-¡Qué inocente eres! Vamos mocoso, no te quejes tanto, estaré una temporada por aquí.

-¡Si esta fuera mi casa, te aseguro que no entrarían abominaciones de la naturaleza como tú! ¡Cacho tarado!

-Mocoso, cuidado donde te metes...

-¡Mister esteroides viene a por mi!, ¡Sálvese quien pueda!

Las cosas iban así desde que hace dos días. Alex y yo no volvimos ha hablar como lo hacíamos antes. Cuando pasaba por su lado me sonreía. ¿Se creía acaso que soy una niña chica? Puedo elegir por mi misma de qué lado estar. Y sí, estoy del lado de Duque.

Estaba dispuesta a salvar a toda la gente que habíamos puesto indirectamente en el escenario de la muerte.

Estiré mi brazo y lo dejé apoyado en el cabezal del magullado sillón de piel. Se me estaba durmiendo la muñeca de aguantar el peso de la esfera. Desde hace un día estaba empezando a sentirla mucho más pesada, parecía que se hubiera convertido de madera a plomo. Sopesaba la posibilidad de toda esa energía me estaba dejando sin sangre en la venas. El surco entre los cojines del sillón se hacía cada vez más grande y poco a poco me iba engullendo. De repente la puerta se abrió y chocó contra la pared como si de una ráfaga se tratase. Me reincorporé de pie como un militar frente a su sargento. De ella apareció unos ojos esmeraldas mate y una media sonrisa.

-¡Es mi turno señorita Jane! Deja de desgastarte que dentro de dos semanas estarás en las últimas.- La absorción de poder debilitaba tu estado metabólico, haciendo que dejaras de comer y sintiéndote incapaz de moverte. Era como soñar, pareces que flotas. A veces me preguntaba si la muerte era un estado parecido.- ¡Yanet!, ¡Eooo! Deja de hibernar guapetona que tienes que descansar. Tómate un zumo o algo.

-De lo único que me entran ganas cuando me hablas de comida es de vomitar.- Dije con la mirada fija al horizonte.- ¿Quieres que te haga compañía?- Pregunté.

-No ni hablar, esta tarde no reuniremos otra vez y quiero que estés lúcida para entonces.-Asentí. No tenía más ganas de discutir.

Fui tambaleando pasillo abajo hasta la biblioteca de Lacrias. Esta se encontraba en el sótano, alumbrada por una tenue luz artificial. Las estanterías estaban esculpidas en la piedra de las paredes como si fueran armarios empotrados. Todo ahí abajo parecía creado para un vampiro y no para, fuera lo que fuera, Lacrias.

Me paré en seco en la puerta de hierro que estaba encajada y arrimé mi oído al oír voces conocidas.

-Dos.- Dijo una voz demasiado dulzona para ser irreconocible. Miré por la raja que quedaba entreabierta. Alex colocó un pesado libro en el escritorio de Lacrias que soltó una fina niebla de polvo en el impacto.-Tan sólo quedan dos portales abiertos.

-Bueno trabajo chico, debo decir que en poco tiempo se hacen grandes cosas.- Lacrias abrió el libro por una página intermedia. Este proyectó una figura parecida a un agujero negro. Pasó la página y el libro emitió un círculo de estrellas polvorientas. La imágenes rodeaban a los presentes.- Esta debería de ser Calipso, el círculo mayor. Ves niño, si te acercas bien podrás diferenciar las distintas materias que hay. ¿Las ves? Son una mezcla de rojo, azul y morado. Es parecido al amanecer.- El círculo que rodeaba la estancia tiene unos tonos cálidos y miles de estrellas que relucen.

-Si este es el círculo mayor, eso quiere decir que Yanet tiene más facilidad para atravesarlo, ¿No es así?

-Sí, por supuesto. Pero estos círculos ya tienen un destino adjudicado, se crearon gracias a lo que estableció La Orden. No entiendo cómo se han podido deshacer tres de lo que había.- Lacrias pasa la página mientras que Alex busca entre la polvorienta estantería de piedra. La estancia ahora se convierte en un lugar hostil, lleno de arena negra y árboles destartalados.

-Esta es la Fórcida. Nunca la habría imaginado así.-Dice el Chico apoyándose en el escritorio.-No mienten sobre eso de que es tenebroso.

-En absoluto. Bien, escúchame atentamente muchacho.- Lacrias coge un bolígrafo y un pergamino.- Según los estudios que hemos estado haciendo, Duque asegura que, gracias a los poderes de Yanet, podremos abrir círculos temporales. Si eso es cierto, ¿Por qué no podría también cerrarlos? Es decir, puede hacer la operación inversa y acabar con aquello.

-Ajá.-Asiente Alex interesado.

No despego la oreja de la puerta y mis ojos no se separan de lo que estoy presenciando.

-Entonces, si, como hemos estado comprobando, los círculos se crean y se destruyen gracias a los poderes de Yanet y susodicha no ha podido abrir ni cerrar ninguno por ahora…

-No… ¿Estás insinuando que…?

-¿Por qué no?- Dice dejando el bolígrafo. Alex se sienta inerte en una silla que había enfrente de Lacrias.

-En este campo no soy realmente diestro, pero puedo asegurarte que en todos estos libros no hay ni un ápice de lo que estás diciendo. He revisado árbol genealógico por árbol genealógico… es…

-Probable señor Genevieve, probable. Los poderes de Yanet aún nos aguardan sorpresas. Conociendo estos lugares no me extraña que alguna pequeña mutación hubiera desencadenado una serie de generaciones portadoras del don de nuestra chica.- Alex tensó los músculo al oír las palabras “nuestra chica”- Acércame esos libros muchacho.- Alex obedeció mientras Lacrias se frotaba la creciente barba con la mano. Jamás lo había visto con un pelo en la cara, estaba empezando a preocuparme.

-Entonces, Yanet no está sola.
-No, está acompañada y si estoy en lo cierto; tan sólo hay dos personas más que tienen ese poder en todos los reinos que pertenecen a este mundo.- Dice frotándose de nuevo la barba.- Y una de ellas está en esta casa.

-Duque… lo sabía…- Alex golpea con el puño la pared hiriéndose aunque sin importarle.

-No es seguro Alex, aquí figura que hay alguien más.

-¿Quién?- Dice dándole la espalda con los puños aún clavados en la pared.

-Eso no figura.- Abre el libro y una imagen de un hombre encapuchado yace en la esquina. Una cola puntiaguda hace que la parte de atrás del traje negro se eleve dejando ver unas pezuñas peludas.-Ya he visto suficiente.-Cierra de golpe el libro que expulsa un velo de polvo.

-¿Qué…qué era eso?

-No tengo ni idea, pero quizás Yanet pueda respondernos.- Doy un bote al escuchar mi nombre y deprisa doy un paso hacia atrás tropezando con el escalón que me hizo bajar hasta aquí. Se escuchó un gran estruendo y a los pocos segundos unos potentes ojos celestes me fulminaban.

-Vaya, vaya. Creo que nos ahorraremos las explicaciones. Sin embargo, creo que tú tienes muchas que darnos.- Alex me mira desde arriba dando golpecitos con un pie en el suelo y los brazos en jarras. Yo sigo en el suelo sentada con el culo apoyado en un escalón frío y húmedo.

-¿Por qué os empeñáis en esconderme las cosas? Y mucho más importante, ¿Por qué estudiáis cómo sacarle un lado negativo a Duque?, ¡Lo está haciendo por nosotros!- Sonó un tanto desesperado viendo mi situación aún tirada en el suelo.

-No importa Alex.- Dice Lacrias desde detrás.- Tarde o temprano lo tenía que saber.- Ahora que lo veía desde más cerca podía apreciar arrugas en su cara y su piel radiaba menos luz a pesar de estar en un sitio relativamente oscuro. Decir que parecía más mayor era un eufemismo, ¡Parecía un viejo!

-¿Qué te ha sucedido?- Lacrias me miraba con cara de desconcierto. Luego le señalé y él pareció percatarse a lo que me refería.

-Es la ausencia de luz, soy un Lilium, me nutro de luz solar.- De encoge de hombros.

-¿Y los Liliums como regla general tienen la característica de no tener ombligo?

-Exacto.- Se volvió de espaldas para dejar el libro que tenía entre manos.- Pero no estabas aquí para escuchar eso, ¿Verdad?

-No… Pero tan sólo quería coger un par de libros para leer. Luego me topé la puerta cerrada y… Alex…- Los dos se miraron mutuamente.- Entonces hay más como yo, ¿No es así?

-Es así, pero no tiene un par. Al contrario que tú. Aún no sabemos mucho sobre Duque, pero mientras no lo perdamos de vista podemos concentrarnos en el otro ser pudiente de tu don.

Alex me apoya una mano en el hombro.

-¿Y la esfera?- Me dice.

-Duque está en su hora. Está en el trastero. Pero no lo entiendo… ¿Por qué Duque querría mis poderes si no?

-No podemos adelantar nada. Si Duque tiene planeado algo te hará acumular materia, igualmente eso también nos serviría a nosotros. Si no pierdes de vista la esfera no perderás de vista tu objetivo.

-Si hay alguien detrás de todo esto que desea el libro lo conseguirá a partir de ti.- Dice Alex.

-Está bien, decirme qué debo hacer, ¿Qué es lo correcto?

-Simplemente, haz lo que estás haciendo, pero recuerda que la esfera te sirve a ti y no a Duque.- Asentí.

-Vamos.-Me tira de la mano Alex. Me arrastra escalera arriba.- Tienes que comer algo.

Las paredes de Harmer lucían un espléndido color naranja claro. Ayer los muros se elevaban en tonos marrones y rosas. El suelo seguía siendo de madera, que crujía a cada paso que daba. Llevaba puesto un traje de color amarillo pollo hasta los tobillos y una diadema rosa que me prestó Nausi. Recordé que ahora mismo estaría hablando con Duque sobre sus orígenes.

Había pasado una hora en el sótano escuchando declaraciones talmente extrañas que aún estaba desconcertada.

La cabeza me hervía y sentía aún fatiga por el largo paseo colina abajo con Alex. Salimos de la mansión y atravesamos la escalinata en la que vimos unos caballos alados el primer día. Recuerdo la cara de desconcierto que puso Duque la primera vez que le hablé. Ahogué una risotada.

Alex y yo no habíamos hablado durante el trayecto. Se limitaba a mirarme y sonreír de vez en cuando. Cada vez que lo hacía rezaba porque fuera la última, si seguía así me daría un ataque al corazón antes de llegar a… ¿Dónde vamos?

En el desesperado intento de ocultar mi talón de Aquiles desviando la mirada hacia los adoquines del suelo, sentí un gran impacto contra mi pecho. Poco a poco bajé la mirada hacia mi esternón. Un insoportable hedor a hierro recorrió mi boca y mi nariz. Alex se giró a mirarme y pronunció unas palabras que no salieron de su boca, no pudiendo oírlas. Poco a poco el mercado que nos rodeaba se tornó negro y unas insaciables ganas de vomitar me consumaron.
                                                        Ω

<<Ahora todo era negro.
Alguien caminó con fuerza hacia Yanet. Parecían unos andares irregulares, con pisadas que arañaban el suelo. La chica intentó deshacerse de la incómoda proximidad del cuerpo ajeno a ella dando saltos de un lugar a otro y moviéndose intentando distinguir algo. Pero ¿qué es más imposible que ver una sombra en la oscuridad?
La chica llegó a tocar lo que pensaba que era una pared. Seguidamente la tanteó para caminar y guiarse de ella. Un pequeño promontorio alcanzó con su mano y tras comprobar que era esférico lo giró. Un haz de luz iluminó la estancia desde la puerta que tan sólo se abrió una línea estrecha. Yanet acercó la cara para mirar dentro sintiendo los pasos caminar hacia ella. Posicionó su ojo grisáceo entre la raja y visualizó una estancia con paredes marrones de un color muy oscuro. En la pared de enfrente el papel estaba desgarrado como si hubiera contenido una fiera. Había algo escrito con sangre. No enfocaba bien a verlo…
“¿why me?” 
Entrecerró más el ojo para ver más a la derecha de la pared. Había  un taburete alto y en el centro de la habitación, un altar.
La chica tiró del pomo hacia ella para abrir la puerta, pero no podía. Había una cadena desde dentro. Introduzco lo que pudo de mano e intentó quitarla.
Nada.
Había alguien más allí con ella, podía sentir su respiración cargada de aire caliente como si de sus narices salieran llamas. La luz que emitía el cuarto hizo que pudiera observar dos infinitos agujeros negro en la oscuridad acompañados por una tez blanquecina y labios cosidos. Tensó la mandíbula y cerró los ojos apretando los nudillos.
El aire le entró por la oreja haciendo que se escurriera cuando le entró un escalofrío. Alguien le susurraba al oído.
-Estamos aquí… tenemos el libro.
-¿Qui…quienes?- Tuvo el valor de contestar. Parpadeó relajando sus párpados y miro aquella espeluznante cara de cera blanca y sangre.
-Nosotros… Los Incubos… Morirás.
-¡No! Jamás te dejaremos vía libre sin luchar.
-Tenemos el libro Yanet Jane…
-No por mucho tiempo, nos estamos preparando.
Un relámpago hizo que la luz se fuera y que al volver todo hubiera cambiado. Ahora se encontraba a la luz de la luna, frente a un Altar, sola.
Arrancó una enredadera de él y ésta volvió a crecer.
Ahora no estaba sola, pero tenía una ventaja.>>

La luz celeste del cielo primaveral me cegó. Estaba tirada en el suelo clavándome las rodillas de Alex en la espalda el cual me había tumbado en su regazo. La gente se apelotonaba alrededor de nosotros fijando sus miradas en nosotros. Me pareció distinguir algunas que cuchicheaban y mujeres se tapaban la boca con las manos. Paulatinamente el ambiente se fue tranquilizando y la gente empezaba a irse.

Acababa de presenciar algo peor que malo y sabíamos que sin aquel perro guía estábamos perdidos. Ambos nos miramos, mi mirada bajó a su mano rodeando mis hombros que se posaba en mi clavícula. La O griega brillaba con el sol. Sus ojos no transmitían nada y logré atisbar un color verdes entre ellos. Entonces caí en la cuenta de que él había visto mi Ilusion, pero me había embriagado tanto en sus ojos que no me daba cuenta de que estaba andando conmigo en brazos hasta que tropezó y por poco no caigo al suelo.

Compró fruta en uno de los tendederos que hacían de tienda y los guardo en una cesta que llevaba en el antebrazo.  No dijo ni una palabra, agarró mi mano y tiró de ella hasta que llegamos a una explanada llena de hierba.

-Yo...-Intenté decir mientras estiraba una manta en el suelo.- Lo...Lo siento mucho Alex.- Bajé la mirada suplicante.

-No te disculpes.-Sonrió.- No tienes por qué hacerlo.

-En cambio quiero hacerlo...- Aunque estaba de espaldas a mi, le agarré la mano. Se giró de inmediato.- Debí creerte cuando dijiste eso de no fiarse de nadie. Ahora...estoy en el punto de partida. No sé que hacer conmigo misma.

-No lo sientes de verdad Yanet.- Frunció en ceño.- Si así fuera me mirarías a la cara.

-Déjame intentarlo de nuevo.

- No siempre habrá una segunda oportunidad,- Se sentó como un indio en la manta y yo le imité.- aquí si haces un movimiento en falso puedes echarlo todo a perder. Conmigo no te pasará, pero deberías pensar antes de actuar y guárdate de los desconocidos.

-Lo sé. Es complicado para mi. No quiero decir que no lo sea para ti, pero la que se desploma en medio de la calle soy yo. No quiero ser una lunática.- Alex sonríe. Aún siento el tacto áspero de su mano en la mía.

-Tú no eres una lunática.-Ratifica con  un gesto restándole importancia y a continuación saca dos manzanas.

-¿Vistes la Ilusion verdad?-Le pregunto. Él me lanza una manzana y yo la cojo en el aire. Asiente mordiendo la fruta. Sus dientes parecen más blancos cada día y parece como si pudiera ver el interior de su boca y los triturados trozos de manzana pasando de un lado a otro bailando en su lengua.- ¿Y cuál es la opinión de un sesudo varón sobre ella?

-¿Quieres la opinión de Duque?- Río.

-No idiota. ¿Qué opinas?

-Que sabes más de lo que piensas.

-¿Qué quieres decir?-Digo incómoda.

-Sabes donde está el libro, tu misma me dijiste que Rufo te llevó a un altar en otro trance. Parecía que las características coincidían. Aunque tan sólo lo hemos visto unos segundos, creo que eres capaz de identificar el lugar.

De hecho, pensaba que no llegaría jamás a ese lugar, pero si ahora todos mis sueños se están complementando y encajando como las piezas de un rompecabezas, no quería pensar qué significado tenía aquel en el que lloré junto a una tumba. Aquella funesta ocasión no quería revivirla siquiera en sueños.

-Sin el perro estamos perdidos.- subí los hombros y le di un segundo bocado a la manzana.

-Tal vez Lacrias nos puede ayudar, ahí abajo hay cantidades de libros, más incluso que la biblioteca pública.

-Ya sabes como dicen: Tienes tu casa donde tienes tus libros. Yo creo que necesitaremos más que la ayuda de Lacrias, más bien una ayuda divina.- Alex terminó su manzana que lanzó y rebotó contra mi cabeza.

-¿No bastan los golpes que me doy con los adoquines?

-Hasta las manzanas sienten atracción por ti, no me extraña que Duque no quiera separarse de tu lado.

-No seas bobo, Duque siempre está separado de mi. ¡Ni que fuera una cría para que me estuvieran vigilando todo el día!

-Yo no estaría tan segura...-Dijo señalando algo a mis espaldas.

Cuando me giré extrañada pude contemplar unos jeans despintados acompañados por una camiseta negra de tirantes por las cual salía un par de brazos musculados que caminaban amenazantes hacia mi. Es decir, hacia Alex.

-Vaya, vaya. Creo que me debes una explicación Mocoso.-Se cruza de brazos sin pisar la manta extendida.

-¿De qué hablas?

-¿Sabes lo peligroso que es saltarse el toque de queda? No entiendes lo maligno que puede ser no seguir con las horas calculadas.-Riñe a Alex como si la culpa fuera suya.- ¡Yanet tiene un deber!

-¿Qué me estás contando payaso? No he sido partidario en contribuir en tu sucio juego.- Espeta desde abajo.

-Te llevas a mi chica así por así, ¡Por la calle!, ¡Con una Ilusioner por la calle! No tienes ni idea de donde te has metido Señor Mocoso.- Duque apunta con el dedo a Alex que se queda perplejo, eso sí, menos que yo: ¿“Mi chica”?

-¡Yo no soy la chica de nadie!, ¡Quiero que dejéis de comportaros como si fuerais mi padre!¡Callaos de una jodida vez y dejadme hacer las cosas como yo quiero!

Duque miro a Alex con desprecio y furia a lo que éste correspondió. Yo miré a ambos y suspiré por fin.

-Yanet, la esfera de clama.- Dijo el chico de los jeans sin apartar la vista de Alex.

Me alcé en pie mirando a mi compañero algo mal humorada. Por un segundo pensé en mandar todo al carajo  quedarme con él. Luego salí de mi situación de atontamiento y medité. Seguramente quedarme con Alex me repondría de mi bajo estado de autoestima. Pero sin duda no puedo dejar que la esfera cuelgue de el hilo de mis poderes.

Recogí mi manzana del suelo apoyándome cerca de donde estaba Alex, sin que Duque se percatare le susurré al oído un:


-Luego hablamos.

Besé su mejilla sin malas intenciones. Creí que le debía a cambio de irme al trastero con Duque.

 
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Capítulo 17 segunda parte.



- Creo, que deberías saber bien de lo que eres capaz.

-¡Y dale al borrico!-Dije incrédula.

Me levanté enfadada aún por no conseguir nada de lo que me proponía. Eché a andar divisando a lo lejos Harmer.

Desde unos metros más atrás oía los pasos rápidos de Duque y sus manos sacudiéndose sus tejanos.

-¡Yanet, espera!-Corrió hacia a mi.

Me giré indignada con el ceño fruncido, los brazos en jarras y dando golpecitos en el suelo con un pie.

-Si no me quieres crees, déjame demostrártelo. Te he visto Yanet, te he visto en mis visiones.- Duque se echó las manos a la cabeza.- Sé que es una locura, pero es posible. Dame tiempo y te enseñaré todo este mundo, tan solo tienes que confiar en mi.

Todo me parecía un bucle, de la confianza a la desconfianza y vuelta a empezar. Tanto pensar para que vuelva a caer en su trampa y sin miramientos, ni una pizca de duda. Su semblante parecía tan inocente como el de un niño de seis años. A veces, me parecía atisbar una doble personalidad, como si dentro de él se estuviera debatiendo continuamente.

Llevaba tres minutos cogida de la mano de Duque sin apenas emitir sonido. Me estaba arrastrando colina abajo, a través del patio de Harmer y me sentó en un sillón raído de piel. Me encontraba en una sala que jamás había visto hasta ahora.

Duque sostiene una libretita de espirales que me sorprende verla entre tantos artefactos antiguos. La sala estaba llena de cacharros a cuál más viejo; Una brújula, un reloj de cuco, una esfera terráquea, mapas y mapas pegados por las paredes de una tierra jamás vista.

Me alzo para contemplarlo mejor. Un viejo ventanal casi opaco debido al polvo se alza en la pared frente a mi. El sol que entra hace que las motas de polvo se reflejen ensayando una danza que se salía de los límites de la gravedad. Un lampadario en forma de telaraña colgando que servía tan sólo para adornar.

Duque se sienta en un escritorio de madera que cruje al ejercer su peso. Cruza su pierna en la otra a la altura del tobillo y mueve el pie de ésta rítmicamente. Muerde el extremo de una pluma mirando con desconfianza la libretita.

-¿Y bien?-Digo dejándome caer en un brazo del sillón.- ¿Qué hacemos aquí?, nunca había visto esta sala.

-Es mi preferida.-Dice sin apartar la vista del cuaderno.-Te cuento lo que vamos ha hacer.- Se pone de pie y corre hacia un mapa del que quita una chincheta. Garabatea algo en la libreta y lo cuelga en el único sitio libre de la pared.-Esta eres tú.- Dice señalando un boceto de una mujer como los de los aseos de Mc Donnal’s. Sonrío.-Y este...-Dice concentrado en su libreta.- Soy yo.-Me enseña el cuaderno con su silueta.

-Qué hombre más atractivo.-Me río de su dibujo.

-Ya lo sé, tengo complejo de Picaso, ¡Para de reírte!- Pega en la pared el dibujo junto al mío.

-Mi teoría es esta; Si mis Ilusions no me engañan, juntos podemos desarrollar una especie de círculo mágico a nuestro gusto. Podemos elegir una escena a la carta para visualizar. Esto se debe a que tu Don es un proceso más complicado de lo que pensaba.- Hace un circulo en un folio y lo pega en medio de nosotros.- Es como el mío, exactamente el mismo caso. Hay muy pocas personas que tengan tanta energía concentrada, somos una especie de par.

-Tranquilo musculitos, no hables tan rápido que me mareas. ¿Quieres decir que juntos podemos descubrir el lugar dónde se esconde el libro?

-No estoy seguro, pero la concentración de materia mágica aumentaría y las visiones serian más claras y a lo largo del tiempo podemos desarrollar la capacidad de abrir un círculo en cualquier etapa histórica, sin influenciar en ella.

-Pero, si no sabemos dónde está el libro, ¿de qué nos sirve abrir un círculo en el tiempo?- Digo encogiéndome de hombros.

-Cierto, pero tu don nos puede guiar.

-¿Ahora soy un navegador?

-No me entiendes Yanet, puedes concentrarte en un ente sea mortal o no.- Duque rompe el papel donde estaba dibujado un círculo a la mitad.-Tan sólo funcionará si estamos juntos.-Continua ampliando el espacio entre nuestros dibujos.- Podemos acumular materia y tu don nos permitirá elegir el objetivo.

-Todo esto si estas en lo cierto, ¿Verdad? –Asiente.

-Sé que es cierto Yanet, he tenido una visón y tú misma me lo confirmabas.

-¿yo?

-Sí tú,-Me dice acercándose. Sin querer tropiezo con el sillón y caigo de culo en él. Duque me rodea apoyando sus brazos cada uno en un brazo de este.- ¿Me creerías si te dijese que confío en ti? Porque eso es lo que he hecho, confiar en ti.

-¿En qué sentido?- Estaba tan cerca que podía reescuchar sus palabras haciendo eco en su paladar. Podía verificar que sus ojos eran esmeraldas y que sus mechones de pelo castaño caían sobre las cejas.

-En mi visión, confié en ti cuando me dijiste que era cierto. Ahora dime, ¿quién es el que confía en quién?- Parecía casi una amenaza si no llegase a ser por el tono sereno. Torcí la cara para evitar sus escalofriantes ojos pálidos.

-¿Por qué no le explicas tu teoría a los demás?, quiero decir, mi teoría.-Dije mirando a los dibujos pegados en la pared.

-Eso es lo que haré e inmediatamente le pediré a Lacrias una habitación en Harmer. Debes comprender que cuanto más tiempo juntos, más materia acumularemos.-Dijo apartándose.

-Joder...¿Me ves cara de chicle? Porque yo a ti sí.-Digo señalándome con el índice.

-No me irás a negar que no es un privilegio estar en la misma casa con un Duque.-Dice exagerando su ego. Hago como que me lo pienso varios segundos.

-Es un marrón, tendré que aguantar tus costumbres señoriales,¿te tendré que hacer de chacha?

-Puede.- Alza una ceja.

-Sí, ¿Y qué más; Limpiarte el culo cuando cagas?- sonrío burlona.

-Tal vez.

-¡Pues te lo limpiaré con hiedras venenosas para que te salga un sarpullido!- Le espeto en la cara.

-Qué perversa, tienes una mente muy macabra.- Dice mientras abre la puerta y me deja salir antes que él.

Caminamos hacia el comedor en silencio, aviso a Nausicaa y esta avisa a Alex; Hoy tendremos otra asamblea.

Nausi había dormido hasta ahora y no se si conseguí descifrar en su cara algo nuevo, quizás el miedo a sentirse fea recién levantada. Aunque eso sabía que no era verdad. Había observado dormir a Nausi toda mi vida, incluso de pequeñas, mi insomnio se debía a historias de terror que mi amiga me contaba. Tal vez, la única más parecida a la bruja de los cuentos era ella.

Me miró desde el otro lado de la gran mesa rectangular. Todos vestían una cara seria como a sabiendas de que lo que iban a presenciar no era tan solo que otra verdad parcial. Así, todos con las manos apoyadas en la mesa, parecíamos los caballeros de la tabla redonda, tan solo que esta era rectangular.

-¡Quiero una explicación! ¡¿Por qué me habéis despertado?!-Dijo Nausi golpeando la mesa con los dos puntos.

-Pero si es casi medio día.- Le contesto.

-Siento que tu memoria te falle,-Se cruza de brazos cerrando levemente los ojos.- pero ayer noche tuve que despertarme para ver como vomitabas.

-Eh... sí, eso es verdad, pero yo tampoco lo pasé muy bien anoche.

-Nadie lo pasó bien anoche.-Dice tranquilizándonos Lacrias.

Duque se aclaró la garganta.

-Lacrias, estuve pensando en quedarme unos días por aquí.

-Define “unos días”.-Dijo con su voz melodiosa.

-Tal vez, a Yanet le venga bien un profesor que la introduzca en este lugar. De los demás también me puedo ocupar yo.

-Lo dices como si fuéramos escoria.- Espeta Alex algo molesto.

-Mi prioridad es acompañar a Yanet durante la Transición. Luego,-Fulmina con la mirada a Alex.- me ocuparé de enseñar al mocoso.

-¿A quién la has dicho mocoso Duque de pacotilla?-Se levanta lleno de ira Alex. Las patas de la silla se arrastran emitiendo un estridente sonido.

-Cálmate Alex.-Dice Lacrias.- Escucharemos lo que dice Duque y si tiene unos buenos motivos cederé, es mi casa recuerda.- Alex vuelve a su sitio de mala gana.

Nausi estaba a mi lado con la cara pegada a la mesa y roncando.

-¡Nausicaa, la baba!- Le doy un cogotazo. Se revuelve la melena cuando alza la cabeza dejando ver sus maravillosos ojos gatunos y su perfecta tez pálida.

-Esta Dríade...siempre sumida en su mundo...-Replica Lacrias.

-¡Quiero dormir!-Finge un llanto.

-Cuanto antes terminemos antes podrás marcharte si tanto lo deseas.

-Pues adelante; que comience la función.

-Como estaba diciendo antes de que interrumpiera Nausi con un ronquido, hace un par de días que estoy estudiando la posibilidad de abrir círculos en el tiempo y en el espacio.- Todos los presentes dejaron de prestar la atención en cosas menos importantes y abrieron la boca.

-Venga, hazle tu boceto instructivo.-Le digo.

-Yanet, posee gran cantidad de Materia mágica acumulada pero no le saca beneficio ya que está en la fase de transición y ésta no le permite adaptarse del todo para ver las visiones con claridad.- Me mira pidiéndome ayuda.

-Duque tuvo una visión donde yo misma le confirmaba que la teoría es certera. Si esto es posible, gracias a la materia mágica que podemos acumular, podremos rastrear el libro. Es más, podremos abrir círculos en cualquier parte, eso sí, sin interferir en la historia y el Orden de las cosas.

-No lo veo muy claro.- Contrae la cara Lacrias, cosa, que me hace bufar de la risa ya que su piel está tan tensa que jamás podría arrugarse.- Pero si estáis tan convencidos como parecéis...

-Convencidísimos.- Decimos a la vez.

-Si con esto no peligramos la vida de Yanet...

-Por ahora no parece haber inconvenientes. Más tarde nos abstendremos a las consecuencias.-Dice Duque.

-Entonces-Lacrias alza sus pies descalzos y los apoya sobre la mesa cruzando uno encima de otro y balanceándose en las patas traseras de la silla.- Acordado, Duque se quedará aquí hasta que encontremos el libro. Eso sí... quiero un comportamiento profesional, nada de niñerías.

-Por supuesto, ¡gracias Lacrias!-Corro a abrazar su cabeza y cuando estoy estrangulándole como una serpiente sus pies se alzan de la mesa y la silla resbala hacia atrás inmersa en un terrible crujido.

-Ah...-Dice Lacrias.

Me tapo la boca con la mano mirando desde arriba la cara descompuesta de Lacrias que se sitúa entre mis pies. Tiene las piernas hacia arriba y la espalda incrustada en el respaldo de la silla.

-Pe...Perdón, ¿Es...Estás bien?-Detrás todo el mundo se ríe a carcajadas y cuando alzo la vista es cuando no puedo aguantarme más y me doble por la mitad cayéndome al suelo de la risa.

-Cuando dije lo de niñerías...Me...me refería a cosas como estás.-Dice Lacrias aún aturdido por el golpe.

Después de mi ataque de risas le ofrecí ayuda y le pedí tantas veces perdón que acabé cansándole. Lacrias se colocó una bolsa de hielo en la frente.

Tras comprobar que no había perdido su capacidad por parecer impasible y apreciar de nuevo su cara neutra corrí hacia mi dormitorio.

Necesitaba descansar.

 
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Capítulo 17: ¡El libro!




“Del sufrimiento han surgido las almas más fuertes, los caracteres más sólidos están plagados de cicatrices” Kahlil Gibran.

-Vengamos a razones; Eres un ser sobrenatural.
-Es más complicado.- Dice Alex pegándole un puntapié a una piedra. Lleva las manos en los bolsillos de sus tejanos algo ajustados. Mira desconsoladamente hacia el suelo como si quisiese que de él llegara una solución, una luz que lo cegase para dejar de ver en lo que se está convirtiendo.

Me había arrastrado colina abajo haciéndome correr por pasillos de Harmer –Nombre con el cual se dirigían hacia la casa- hasta llegar al mismo sitio donde Duque me desveló una porción de su pasado.

Hoy había sido un día fatídico, tal vez por la mera idea de tener que estar más de un año recluida en este lugar. O tal vez sea que estoy empezando a echar de menos mi hogar. Tan sólo me queda confiar en que todo sea tan sencillo como lo es narrar para Lacrias.

Alex se adelanta a mi y tranquilamente coge asiento en una roca, al lado de uno de los lagos de la mansión.

-¿Podrías definir ese “Es algo más complicado”?- Me apoyo contra un árbol cerca de él, observando cómo tira piedrecillas en el lago y estas forman ondas concéntricas que se van expandiendo. Arranco una flor del suelo y comienzo a deshojarla.
-Si te digo la verdad, ni siquiera yo lo sé bien. Supongo que segregar sangre verde no entra en lo común.- Le miro de reojo mientras tiro el tallo de la flor sin un pétalo.
-Fascinante deducción, admiro tu sentido de la lógica.
-Es bastante difícil hablar de esto para mi, ¿sabes?-Espeta girando la cara para mirarme. Sin embargo siento que mi cubierta de ironía se va deshaciendo.
-¿Desde cuando te sucede esto?- Digo posicionándome cerca de él con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos.
-Hará tan sólo unas semanas, antes de... ya sabes: esto.- Dice haciendo un gesto con la mano haciendo referencia al lugar.- Duele más, mucho más que si te hicieras una simple herida.
-¿Quieres que se lo digamos a Lacrias?-Niega rotundamente.-Podría ayudarte.
-No me creo ni la mitad de esas blasfemias que dice. Si hay un motivo relevante por el cual confiar en él es porque aún no hemos conocido a nadie más.
-Por supuesto, pero no debemos confiar en todo el mundo. No hago prejuicios-Levanto las manos como si quisiera decir: Me lavo las manos.- pero creo que hay un motivo más que evidente del por qué estamos aquí.
-¡Vamos! Ahí va la pregunta del millón.-Dice con gesto efusivo.- ¿Por qué estamos aquí?- desde mi perspectiva puedo visualizarlo algo brillante, como si todo lo de su alrededor perdiera valor y mis ojos resaltaran su silueta en la oscuridad de la noche.

Me muerdo el labio y echo la cabeza hacia atrás apoyándola en el tronco que se alza firme tras de mi.
Buena pregunta. Estamos aquí para eso, para salvarnos. Estamos aquí, en Northreign, un lugar que no sale en los navegadores de mi pueblo y excluyo la idea que salga en los navegadores de todo el mundo, incluso el de las personas como nosotros que viven allí, arriba, el sitio que tanto Anhelo.
La capacidad de dificultad y de miedo que se palpa en el ambiente hace que todo los problemas mortales vividos sean un pasatiempo. <<Ya no eres una principiante>> me digo, << Ahora juegas a otro nivel.>>
En conclusión:

-Estamos aquí para salvarnos.-Digo mirando las estrellas en la noche.
Por el rabillo del ojo puedo sentir como Alex levanta su cabeza y me mira sonriendo cariñosamente.
                                    
                                                                     Ω

“ Yanet corre por los pasillos, mira hacia atrás de vez en cuando perdida. Su mirada parece confusa, no sabe dónde ir ni donde esta. Tras ella una siniestra brisa acompañada por una voz carroñera la empuja, haciendo que se choque por las paredes, deseando que una de ellas la engullera y rezando por que acabara en mejor paradero.
Los pasillos de noche visten un papel desgarrado como con uñas. La chica ruega en su interior que por favor no sean las suyas las próximas que rajen el papel negro de pared.
En un desesperando intento de salir de aquella realidad tropieza y cae de boca, haciéndose daño en las manos a causa de cristales que se esparcían por aquel siniestro y hostil lugar. El caliente líquido que emanó y que le transmitió un fuerte olor férrico se esparcía por el suelo. Apoyó sus antebrazos manteniendo sus manos y sus dedos rígidos para evitar hacerse más daño. Delante de ella podía ver una puerta, a unos metros más hacia delante  un reloj de péndulo.
Se arrastró sofocada por el suelo mientras una voz circulaba por los pasillos e infinidades de ráfagas de viento individuales le azotaban en la espalda y le alborotaban el pelo con el fin de abrirse paso hacia aquella puerta.
Una ráfaga, otra.
La tercera le pareció que le arañaba la espalda, parándose y echándose al suelo.
A medida que una ráfaga pasaba, la voz se iba aclarando y paulatinamente, Yanet podía diferencias las palabras una a una.
-Ven...-Sonó como un susurro.
Yanet se dio la vuelta y apoyó su espalda contra la pared respirando fuertemente mientras cientos de ráfagas pasaban por encima suya y le dificultaban la respiración.
-Yanet Jane...no estás sola.
Tras esas palabras Yanet reprimió un gritito, se levantó y tambaleó hacia la puerta zigzagueando y apoyándose en la paredes a medida que las ráfagas hacían que perdiera el equilibrio.
Por fin llegaba a la puerta abierta de par en par.
-Yanet...-Una voz susurraba desde dentro.
Su tono incrustaba el miedo en las entrañas de la chica y un suave viento le incitaba a entrar atrayéndola dentro como si la cogiesen de la mano. En efecto su mano fue misteriosamente agarrada con algo invisible.
-Está aquí...lo tenemos nosotros...
-¿Qué...qu...qué tenéis?- Dijo Yanet asustada. Vocalizó las palabras lo mejor que pudo, pero el retro gusto del pavor subía como la espuma del champan por su garganta.
-Un motivo... el motivo por el cual estáis aquí.
La Habitación era cuadrada y totalmente de piedra. La chica retrocedió al visualizar una sombra en la esquina opuesta a ella. Podía distinguir unas protuberantes garras que incitaban su acercamiento. Un ente encapuchado araña la pared hasta que lentamente se da la vuelta.
Bajo una sombra de oscuridad sólo puedo distinguir unos labios cosidos y raídos, encima de ellos, una nariz minúscula como en descomposición, y más arriba aún unas cavidades negras, infinitas. Las cuencas de los ojos estaban vacías.
-lo tenemos, el libro.”

-¡Lo tienen! Lo tienen…- Encima de mí, un plano antes que los mosaicos del techo de la cama con bisel hay dos cabezas, una de ellas tiene unos inconfundibles ojos amarillentos, la otra, una detonante piel verdosa. Asustada me recompongo respirando muy fuerte, rápidamente mi pecho se hinchaba de aire e igual de rápido se volvía a deshinchar.
-¿ves? No estaba durmiendo.- Indica Eliott señalándome con un dedo en mis narices. Bizqueo en el intento de ver el dedo y me retiro apoyando la cabeza en la cabecera.
-¿Está consciente?- Pregunta una voz desde la puerta.
-Más de lo que me temía.- Espeta Nausicaa.
-¡menos mal!-Se echa las manos a la cabeza Alex desde la puerta.
Siento una Creciente fatiga y tras varios espasmo, me destapo corriendo y entro en el lavabo sintiendo como el vómito me quema la garganta.
-Me encanta el impacto que causo a las mujeres.- Escucho a Alex desde fuera.

Amarrada como si mi vida dependiera de ello del lavabo, reparo en mis manos mientras doy un último sorbo de agua y me aclaro la garganta. Estaban impregnadas de arañazos y sangre fresa, como si el sueño de una manera o de otra quisiera sellarme, marcarme para que no me olvidase de él. Para mi no existe una frase donde sueño y realidad vayan de la mano.

Me limpio la boca con el revés del vestido mientras salgo del baño.

-¡Y allí llega miss poseída!- Hace Alex como si me estuviera presentando al público. Pongo los ojos en blanco y me vuelvo a acostar.
- Lacrias esta preparando una pócima para que te encuentres mejor.- Dice Nausi.-Eliott ha ido a ayudarle.
-¿No tendrá alas de murciélago o cosas así verdad?- Bromeo. Me sorprende encontrar algo de mi ironía en este estado.
- Escupitajo de Alex y mocos de Windy.- Saco la lengua y me meto dos dedos en la boca en señal de fatiga.
-De todos modos,-Digo destapándome de nuevo y caminando hacia la puerta. Nausicaa que estaba sentada a mi lado me mira desde la cama.-tengo que contarle algo a Lacrias.
-Yanet, ya lo sabemos.-Dice Alex desde la esquina de mi habitación con las manos enfundadas en los pantalones.
-¿Cómo… El qué sabéis?-Digo con una mano apoyada en el marco de la puerta.

Me cuesta creer que me hayan ocultado también el paradero del libro. Pero en suma, me habían escondido mis dotes y también nuestro pasado, ¿Por qué no ahogar a la pobre niña ocultándole el motivo de su visita a Northreign?

Lacrias llega detrás de Eliott que lleva un tazón como de cereales. El windy lleva tanta alegría encima que la poción se tambalea de un extremo al otro del cuenco casi salpicando a Nausicaa que lo mira con desconfianza.

El enano estira todo lo que puede sus bracitos para dejarme esa sopa encima de la mesilla de noche. Luego se sienta en la cama dando un bote y da tres palmaditas en el colchón a su lado para que me siente.

Resoplo y miro hacia el techo. Me dirijo hacia la cama y me siento. Mi peso impulsa a Eliott hacia arriba y luego hacia abajo en el colchón. Lacrias se apoya con el codo en la pared y asiente.

Doy un sorbo largo del tazón y sin haberlo previsto me quemo la lengua. Contraigo la cara saboreando el fétido sabor.

-Es agua de los platos.- Estalla a risas Nausicaa. No se si creérmelo, el sabor es horrendo y la textura también.
-¡Con agua de los platos te lavas tú los pelos asquerosa!-Le espeto. -Lacrias, se donde está…
-El libro. Lo sé.- Asiente.
-¿Cómo lo sabéis?
-Tu don nos ofrece la posibilidad de visualizar lo que ves en tu trance. Tan sólo tenemos que tocarte y formular dos palabras. Es cómo si tu mente se abriera y proyectara todo lo que ves a nuestro alrededor.
-Entonces… ¿Quién era ese tipo? Metía terror.
-No lo sabemos todavía, hace años que no veo un individuo así.
-Estoy barajando la posibilidad de que no sea un buen partidario en el que dejar caer la confianza.- Dice Alex apoyado en una de las paredes de mi cuarto.-De hecho, no era del todo calidez lo que me transmitía esa cosa.
-Creo que tendremos menos tiempo de lo esperado, si ese ser trabaja para el Incubo maximus podemos olvidarnos de un final feliz.
-Los finales felices no existen.-Digo con la mirada fija en el horizonte de la pared.
Me levanto dejando a un lado el veneno que he tomado. Camino hasta la pared contraria donde hace un día encontré un símbolo parecido a una flor. Resbalo la mirada escaseando los mosaicos y motivos floreales.
-qué…- Susurro palpando la pared justo donde estaba el símbolo. Acerco el oído y toco varias veces con los nudillos. –Está hueco.-Me giro hacia atrás desde donde me miran con cara de desconcierto.- ¿Qué esconden las paredes de Harmer?
-Nada de lo que me haya percatado por ahora Yanet.- Espeta Lacrias con los brazos cruzados sobre sus pectorales.
-¿Y si ese ser de verdad tiene el libro? Quiero decir, ¿qué causas nos afectarían?-Me dirijo hacia la cama y me siento.- Necesito respuestas Lacrias, no puedo seguir confiando en ti si tan sólo me dices verdades parciales.-Le indico con el índice sabiendo a conciencia que es una falta de respeto.
-Sé que todo lo que os estoy refiriendo es algo muy supérfato pero no se mucho más de lo que vosotros sabéis. Tengo una extraña sensación. Debemos conseguir ese libro cuanto antes.
-Sigo sin obtener una verdad absoluta.-Suspiro ruidosamente y miro hacia mis manos apoyadas en mis piernas.
-Lo que está claro es que no podemos volver al punto de partida.- Tercia Alex.
-Yanet, ¿conseguiste reparar en algún detalle que nos muestre dónde se situaba aquel...bicho?- Dijo Nausi. Meneé la cabeza enérgicamente.
-Vosotros habéis visto lo mismo, qué, ¿Habéis visto algo?-Nadie contesta y por ello me lo tomo como un no.
-Mañana,-Dice Lacrias dirigiéndose a mi.- Vendrá Duque, espero que lo recibáis como es debido, en el fondo, es otro chaval como vosotros.-Asentimos con la cabeza.

Nausicaa me da un beso en la mejilla y sale de la puerta acompañada por Alex, cuando éstos se van cierro la puerta despacio procurando hacer el menos ruido. Me doy la vuelta con la espalda pegada a la madera de la puerta y respiro hondo.

Estoy asfixiada y el motivo no lo encuentro.
Quizás Duque lo sea, quizás esté aún enfadada con él por no contarme ni la mitad de las cosas que merezco saber. Quizás porque odio su sonrisa carroñera o porque se aproxima demasiado a mi, sintiendo su aliento a cada palabra que dice. Por ello me parecen tan ciertas.
Por lo profundas que suenan.
Quizás esté aún trastornada por mi “viaje” a “El País de las maravillas”. O quizás sea la incógnita de no saber a qué se debe la sabia que recorre los circuitos sanguíneos de Alex. O por el comentario sobre mi apariencia del mismo.
Quizás simplemente sea yo.
Loca.

Quería que quedase claro que si este viaje acababa de empezar, jamás Alicia cayó por una madriguera de conejo.

                                                             *   *   *

-Necesito que me expliques algo: ¿Por qué coño tengo que confiar en ti?- Aprieto mis dedos contra los pectorales de Duque.- Necesito una respuesta, ¡YA!
-Tranquila, tranquila, que estos pectorales no son gracias a esteroides, duele ¿Vale?-  Me mira con cara de sorpresa y las manos levantadas.
-Veamos mister musculitos,- Me cruzo de brazos.- ¿Qué tiene pensado hacer hoy; galopar hasta el final del arco iris o seguir con tu charla instructiva?-Me sorprendo haciendo preguntas algo largas.
Ayer me quedé dormida con el vestido y las señales de los puños se me notaban aún. Me he despertado envuelta en la sábana empapada de sudor.

-Qué humor más negro, ¿No será que no hemos desayunado all bran?-Me guiña el ojo.

En momentos como estos es cuando me caigo al suelo de la risa, pero hoy y tal como están las cosas, mas vale tomárselo en serio. Siento como los agujeros de mis narices se dilatan y echo un chorro de aire caliente por ellos.

-¿Quieres dejarte de rodeos e ir al asunto?
-¿Por qué no vas a poder confiar en mi?-Arranca un trozo de césped.
-¿Por qué voy a poder?
-¿confiarías en mi si te diera un consejo?
- Adelante.
-No te fíes ni de tu sombra, ni siquiera de tus visiones, a veces son engañosas.
-¿Eso era?
-Bueno y...- Suelta el césped de su mano y me besa la mejilla.- Para alejarte de los malos espíritus que hacen que te hayas levantado con el pie izquierdo.
-¿Pero qué clase de terapia es esa?- Digo restregándome la mano sobre la mejilla besada. Duque se encoge de hombros.
-Vale vayamos a lo serio.-Dice tumbándose. Pongo los ojos en blanco y le imito.
-Ya era hora de que razonáramos.
-Has tenido una visión. Una de esas con detalles no muy definidos. Eso quiere decir que eres una principiante.
-Ya... ¿cuánto tiempo tardaré en poder verlas con claridad?
-No mucho. Tal vez dos meses. Pero no disponemos de ese tiempo, sería como darle ventaja en una carrera al contrincante. Debemos buscar la forma de averiguar ese lugar y de conseguir más información sobre el ente que vistes.
-¿Cómo puedo hacer que el proceso de adaptación sea más rápido?
-Se denomina transición, es la primera etapa. Y no, no hay método por el cual acelerar ese proceso. Es el más delicado de todos.- Mira hacia la nada del cielo.
-¿Entonces?
-Tal vez podamos rastrear de otro método el reino. Podemos organizar patrullas...
-Es demasiado lento.-Me echo las manos a la cara.-Todo está perdido por mi culpa.



 
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