Capítulo 22 segunda parte.




Cartel del capítulo 22.




Algo se abalanzó contra mí. No sé qué. Cerré los ojos. Me hizo daño en la espalda. Pero no demasiado. Me mordí el labio y éste comenzó a sangrar. Algo me rodeaba la cintura y comenzamos a rodar por el terreno. Abrí los ojos. Nausicaa estaba encima mía exhausta y me gritaba.

-¡Pero que diantre haces!, ¿Sabes lo poco que ha faltado para ahogarte?- Cambiamos de posiciones. Yo arriba y ella abajo.

-¿Qué era eso?, ¿Lo has visto?- Había descartado todo planteamiento lógico que pudiera pasar por mi cabeza y que se refiriera a lo que acababa de ver. Toda la lógica fue barrida de golpe.

-Yanet.-Insistía ella en alejarme del agua. Esa sensación de totalidad que había sentido bajo sus faldas parecía ser agarrotada por Nausicaa. No tenía intención de parar y lo supe por su mirada.- Deja de arrastrarte hacía ese ser tan ínfimo, lo que estás escuchando es una Evocatio.- No tenía manera de objetivar nada. Quería sentir de nueva esa sensación. Era algo más que eso, era un sentimiento. La Dríade me volcó y de nuevo quedamos en la posición inicial. – Yanet, estás sangrando.

Una de las características principales de Nausicaa es el asedio. Tiene la capacidad de ir destruyendo todas tus ilusiones, tus salidas, tus esperanzas una a una. Después de ello, te posee, te manipula. Tras soportar tal carga acabas cediendo. Me pregunté si también era común entre las demás Dríades.

La canción salió de mis oídos por primera vez. Mi respiración se hizo acelerada y acompasada.

-No sabes el susto que me has pegado.- Se deshizo de mi Nausi.

-¿Qué clase de alucinógenos me has dado?- Me toqué la cabeza.

- Has debido de  golpearte en la cabeza, ¿Qué pretendías hacer, Ahogarte?

- Había una mujer... y luego una canción. Y después un monstruo.

Nausicaa se puso de pie y me ayudó a levantarme.

-¿Qué es una Evocatio? Lo has escuchado eso, ¿Verdad? La canción.- Agachó la cabeza.

- Sí, pero a la mujer no la vi. Algo me impidió acercarme a ti mientras te hundías. Creo que deberías repensarte lo del golpe en la cabeza.- Recordé aquel promontorio que tenía en la cabeza desde el día del secuestro.

-Que no, que no. Había una mujer, bueno, dos. Pero una era rubia y la otra tenía escamas y los ojos negros.- Nausicaa puso los ojos en blanco y se giró caminando hacia el bosque. –Nausi.- Corrí tras ella para alcanzarla. Se giró con el semblante que transmitía ausencia a toda inflexión.- Nausi, escúchame: ¿Crees que me suicidaría así sin más?

-Pensándolo bien, ¿Por qué no? Hemos perdido todo. Nuestra familia, nuestro hogar, incluso nuestra cordura. ¿Qué nos queda?

-Todo Nausi. Todo lo que nos rodea dentro de un tiempo será cenizas si no nos salvamos.- El viento empezó a azotar las ramas haciendo que las hojas cayesen y por un minuto pensé que todo estaba en llamas y que las cenizas caían del cielo. Extendí los brazos.- Toda la gente que hemos conocido, incluso la que no nos conoce y aún tenemos que encontrar confían en que les salvemos. Somos su única esperanza y tienen razón. Es el Ultimátum, es nuestra única posibilidad. Tuya, mía y del resto de gente.- Mis ojos me traicionaron creando llamas a mi alrededor y moviendo sombras que jamás han existido por la cara de Nausi que paulatinamente desciende y clava la vista en sus pies.

-¿Seguro que no te has dado un golpe?

-Esa excusa está perdiendo autenticidad a cada paso que damos, lo sabes.- Las llamas se disiparon.

-Está bien, te creo.- Resopló. Unas voces se escucharon entre los árboles. Creí que una de las llamas creadas por mí no se había apagado hasta que Nausi dirigió la vista hasta el lugar de donde provenía la luz.- ¡Agáchate!- Me empujó hacia abajo por el hombro.

La luz comenzó a moverse deambulando de un lado hacia otro, como buscando a alguien. Recé porque no fuera yo ese alguien. Tras unos segundos esperando ahí agachadas pudimos diferenciar cierto movimiento unos metros más cerca de nosotras. Andamos a gatas como militares entre la maleza del suelo hasta llegar justo al claro del bosque de donde provenía la luz.

-Creo que se te ha olvidado nuestro plan. ¿No podías ahorrarte el caprichito verdad?- Una melena larga y caoba inconfundible se balanceaba con el viento.

Duque estaba justo frente a ella sujetando una linterna nocturna hacia el suelo. Puso cara de satisfacción.

-No te exculpes de tus actos tampoco, he visto como mirabas al chico.- Bruna se sonrojó.- Además, lo del otro día sirvió para aumentar la confianza entre Yanet y yo. Somos un par, ¿Recuerdas?- Dijo lo último acercándose a Bruna y tocándole la mejilla. Comencé a sentir aquel sutil veneno llamado celos. Ella le apartó la mano de golpe.

-No lo seréis por mucho más. Recuerda nuestro pacto y recuerda a nuestro Amo. Si estoy pasando más tiempo junto a Alex es para nuestro bien. Ese chico tiene mucha energía acumulada y no sabe como utilizarla.

- ¿Sigues con la Tranfusion? Ahora que La Esfera ha perdido materia gracias a tu heroica idea de salvarnos necesitaremos más.- Dijo ahora con semblante serio.

-He comenzado con la Tranfusion de Nausicaa.- Dijo asintiendo con la cabeza.- Pero ella es una Dríade y su materia es de muy bajo nivel mágico. Sin embargo la de Yanet cada vez es mayor y la de Alex sigue sus pasos.

-Alex… -dijo paseándose por el claro.- Ese chico es un encanto.- Fingió caridad.- Nos llevará a la boca del león.

-¿Qué… qué quieres decir?- Dijo curiosa ella.

- Su necesidad de estar junto a Nuckelave me ha hecho las cosas mucho más fáciles. Sin el dragón, pierde sus fuerzas pero eso él no lo sabe. Él nos llevará hasta el chucho y el chucho hasta nosotros.- Cogió una flor que colgaba de un árbol.- Cuando vean que no tienen escapatoria…- La flor comenzó a arder. – Zas.

- Duque, no se cuanto aguantaré sin que se den cuenta. Usurpar materia es perceptible. A Yanet se le olvidan sus Ilusións, Alex se hace más débil y La Dríade no se ve capaz de mover ni una rama. El proceso de Tranfusión es complicado y se suele hacer en cortos periodos de tiempo.- Duque coge de los hombros a Bruna y la sacude de ellos.
- Date cuenta de lo que después no toca. Seremos los seres más potentes del mundo. Si sigues mostrándole a Yanet lo que queremos que vea nos llevará hasta donde queremos. Y tú sabes muy bien dónde queremos llegar.- Bruna se deshizo de él.

- ¿Y qué pasa si sale mal? Si por algún motivo nos vencen.- Dijo. Logré atisbar una chipa de incertidumbre en su mirada.

- ¿Se puede herir a una salamandra con fuego?- Ella negó.- Entonces no se de qué te preocupas. Tú eres invencible.- Hizo una pausa.- Vamonos, no quiero que se den cuenta de que no estamos.

Miré a Nausicaa. No había dicho ni una palabra desde que comenzaron la conversación. Pero sin una sola mirada supe lo que debíamos hacer. Teníamos que llegar antes que ellos al campamento. En cuanto el haz de la linterna se hubo extinguido corrimos guiadas por el sendero abierto por Nausi. Las luciérnagas habían desaparecido y no pude hacer a menos de tropezarme varias veces. La noche era abierta y el ambiente mucho más hostil. Desde el campamento el bosque no invitaba a ser pisado. Y cuando llegamos una pizca de luz casi imperceptible llegaba desde detrás de nosotros.

Me tapé con la manta hasta la nariz y re-escuché en mi mente lo que acababa de oír.
‘¿No podías ahorrarte el caprichito verdad?’
‘Somos un par, ¿Recuerdas?’
‘He comenzado con la Tranfusion de Nausicaa’
‘Él nos llevará hasta el chucho y el chucho hasta nosotros’
‘A Yanet se le olvidan sus Ilusións’
‘Seremos los seres más potentes del mundo’
‘¿Se puede herir a una salamandra con fuego?’
 
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Capítulo 22, primera parte: Dulce carmen*



Capítulo 22: Dulce carmen*.

“La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por si mismo es muy capaz de cualquier maldad”.
Joseph Conrad












-Tal vez si me echaras una mano no sería tan trasto.- Volví a repetirle a Nausicaa. El farragoso fango amenazaba con engullirme. Sentía mis pies hundirse cada vez más en la tierra.

-Tía, yo paso de mancharme. Voy a buscar una diana como la de trazan o algo para sacarte.- De nuevo mostró su falta de interés hacia la situación.

Le tendí la mano pero en cambio de alcanzar a mi amiga me topé con algo más rígido; La empuñadura de la espada de Alex robada a los secuaces.

-No entiendo cómo sigues aguantándola.- Espetó el chico sin añadiduras.

Agarré la Espada y miré a Nausicaa fulminándola. Era ya noche y lo único que alcazaba a ver eran los brillantes ojos de la Dríade. Al parecer, ese matiz azulado, que tanto resaltaba en Alex, ha ido desapareciendo, haciendo cada vez que sus ojos fueran más opacos.

Duque no me había dirigido una palabra desde... Bueno, desde que me hizo un piercing en el labio. A lado de la comisura derecha tenía una herida bastante profunda. Sin duda era grande, maldecía al bosque por no tener espejos donde mirarse.

-Está bien. Acamparemos aquí.- Espetó Bruna.- Mañana saldremos al amanecer, colina abajo hacia Southreign. Os ruego, por favor, que nada más entrar os quitéis esos uniformes.- Nos miró de arriba hacia abajo.

Bruna estaba algo más dirigente que Duque desde ayer cuando me vio aparecer de la mano de él. Mantenía su mirada rígida, fría, de autosuficiencia. Alex vagaba en su mundo. Hacía casi una semana que no era el de antes. Lo pillabas distraído y con la cara siempre adormilada.

Extendí la manta a un lado de la hoguera y alargué mis manos hacia ella. Me froté los brazos para entrar en calor. La luna ya se escindía ante nosotros. El ambiente del grupo era algo hostil. Casi nunca nos dirigíamos una palabra, ni siquiera para preguntar la hora. Y debo confesar que eso, no me gustaba para nada.

Alex se revolvía inquieto en su manta, Nausicaa ya dormía tranquila, Duque y Bruna conversaban algo muy bajo. Debería ser algo importante, porque pocos minutos después se alzaron y caminaron hacia el lado opuesto de donde estábamos. Después, sólo pude ver negro.

                                                         *    *    *

La penumbra se instalaba sobre la hierba fresca. Alguien me estaba tocando el hombro y me sobresalté por un instante. Sin embargo todo desapareció nada más ver sus ojos. Amarillos, como el sol. Por un instante dudé, pero ella se acercó a mi y se tumbó con mi manta.

-¿Vamos a dar una vuelta? No puedo dormir.- Me recordó a aquella chica de hacer unos años que sufría insomnio y que iba al cuarto de su madre a dormir. Yo.

-¿Dónde quieres que vayamos? Nos jugamos la vida Nausi.- Ella me miró suplicante.

-Vamos a buscar a Duque y a Bruna. Hace mucho que se fueron y aún no han regresado.- Se encogió de hombros.-  No sé qué es lo que tienen que hablar a las dos y media de la noche.

-Nausicaa: ¿Cómo vamos a buscar a alguien en un lugar donde somos buscados?- Me agarró de las mano. Sabía que corríamos el riesgo de perdernos o incluso de morir. Y sabía que ella también estaba al corriente de ello.

Por un lado pensé en mantenerme ajena a aquello, pero debía confesar que sentía curiosidad por el paradero de Duque; ¿Qué estarían haciendo en el bosque? Fue entonces cuando me recorrió aquella imagen de él y yo en el claro del bosque, besándonos. Pensé  en despertar a Alex y decirle que fuera con Nausicaa porque “Se estaban adentrando en SU terreno desconocido”. Pero no sería igual. Nausicaa y yo éramos amigas desde los siete años, él tan sólo era otra de las atracciones de circo con las que Nausicaa se entretenía.

-Venga Yanet, no seas mojigata.- Me miró. Sus ojos desprendían luz. Suspiré.

-Está bien. Pero si me quedo atrapada en arenas movedizas, utiliza de una vez tu don para salvarme. Esta vez no estará Alex.- La advertí. Ella sonrió y dio unas palmitas en señal de victoria. Puse los ojos en blanco y aparté la manta de encima mía.

-Venga, cuéntame lo que pasó ayer en el bosque.- En ese instante me di cuenta de que todo era una trampa. No tenía insomnio, sino curiosidad.

Me miró con su sonrisa maquiavélica. Entorné los ojos y fruncí el ceño mientras caminábamos a la deriva. Sin rumbo.

-¿Por qué crees que pasó algo? Sólo hablamos. Nada más.- Se echó  a reír tocándose el labio. Comprendí a lo que se refería.- Vale, vale. Se nos fue un poco la mano.

-¡¿La mano?! ¡Será pervertido el duque de pacotilla! ¡A mi amiga nadie la toca!

-Nausicaa, no era en ese sentido.- Se me encendieron las mejillas y miré hacia la tierra. Nausi apartó una rama que se nos interponía en el camino sin tan siquiera mirarla.

La tierra se iba modelando a nuestros pasos, los árboles encogían sus enormes raíces para abrir un camino. Los cantos de los pájaros nos inundaban y el frescor del manantial hacía que el aire pasase de la humedad.

-          ¿Porqué no pudiste sacarme de las arenas movedizas hoy?
-          Parece ser que mis poderes se gastaron por lo del secuestro de ayer.- Se encogió de hombros. Parecía sincera.
-          ¿Y ahora?-Miré a mi alrededor y al camino que se estaba formando delante de mis pies, a través del bosque.- ¿Cómo es que en tan poco tiempo has recuperado tu energía?
-          Me pasa como a ti, cuando la gasto, se tiene que ir recuperando poco a poco. De todos modos hace una semana que no controlo mis poderes. Es como si alguien me los estuviera usurpando.- Hizo un gesto con la mano y el camino se iluminó por arte de magia.
-          ¿Cómo has hecho eso?- Dije perpleja.
-          Dirás quiénes.

Enfoqué los ojos en el foco de luz que se alzaba a la altura de mi cabeza. Un centenar de luciérnagas se extendían como un manto ante nosotras. Nausicaa estaba en pleno auge de poderes y parecía que por fin había sacado brillo a esa polvorienta neurona y ahora funcionaba.

Las luces que fluctuaban se disiparon al llegar al manantial. Parecía que la vida allí acabara, pues ningún árbol se atrevía a alargarse hasta rozar sus aguas y parecía que para ningún animal fuera un amigo fiable. Nausicaa me miró.

-          ¿No íbamos a buscar a Duque?-Pregunté.
-          No tengo el poder de navegador, me has confundido con Alex.- Tal vez hubiera sido bueno idea traerlo.
-          Al menos podemos descansar.- Nausi parecía fuera de sí. No enfadada, sino ida. Parecía divagar sobre otros asuntos y escabullirse de la realidad.

Realidad. Irónico ¿Verdad?

La dejé detrás de mi y me tumbé a las faldas de la orilla, cerré los ojos.

 Sentí como mis pies descalzos eran lamidos por las aguas frescas y como paulatinamente la marea iba subiendo. Una sensación de plenitud me embriagó y deseé no moverme jamás de donde estaba.

Nausicaa gritaba algo que no lograba entender. Sus labios se movían, mas ningún ruido salía de ella. Parecía que hubiera apretado el botón de Mute del mando de la televisión. Sin embargo sí que podía darme cuenta de lo que pasaba, y es que algo estaba resbalándose por mi tobillo. Como una caricia del diablo.

Un canto fue emergiendo del agua, de las profundidades del manantial. La voz era dulce y a la vez satírica. Su frecuencia era la de una niña pequeña y la canción parecía las que cantaba cuando saltaba a la comba. Me recompuse sentada tocando mi pie mojado y la misma fuerza magnética que atraía mi pie al agua ahora me atraía la mano.

La canción era más fuerte que los gritos de mi amiga que yacía en el suelo revolcándose, pero esto no tenía importancia. Las caricias fueron aumentando y sentí como una mano se aferraba a la mía. Del agua salió una cabeza que acompañaba el canto. Sus ojos eran negros. Totalmente. La superficie del globo ocular era azabache. No poseía pestañas y tampoco nariz. Tan sólo tres rajas en los laterales del cuello. Su piel era verdosa y pálida a la vez. Su cabello verde alga. Su mirada se adentraba en ti y jamás te dejaba de observar. Como la Mona Lisa.

Sus cabellos eran platino incluso mojados, sus ojos verdes y sus dedos larguísimos y finos adornados con unas uñas de manicura francesa. Lucía un collar en su precioso cuello que resaltaba con la palidez de su tez. Conseguía eclipsar a Nausicaa en belleza. Su sonrisa agraciada me distrajo y la acompañé hasta que mi brazo se sumergió entero y su cara quedó cerca de mi oído. Entonces escuché un aleteo detrás de su cuerpo. Sirenas.

Un flash: La chica rubia de ojos verdes. Otro flash: Un ser monstruoso con garras y piel verde.
Un flash: Me susurró el final de la canción al oído. Otro Flash: Me clavó sus zarpas en el brazo.
Un flash: << Es un placer conocerte Yanet>>. Otro flash: << Y un placer devorarte>>
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*Dulce carmen: Latinismo que significa  “bella canción”
 
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Tantatachántachán.

huolitáh!:D
¿Qué tal bloggers? Resulta que como me estoy retrasando con el capítulos 22, os voy a dejar un fragmento de una película que tiene que ver con ese cap. Espero que lo disfruteis:D
 
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Capítulo 21: Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.


Capítulo 21: Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.
“Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía".
Euripides






Alex se cargó la espada de los secuaces en la espalda. Con el reverso de la manga se secó el sudor de la frente. Parecía aún aturdido del ajetreado despertar.

-Le he perdido la pista al dragón. No me lo puedo creer.- Enfadado clavó la espada en el suelo y se sentó en una roca que había a unos metros de la carroza destrozada.

-Lo que no entiendo es una cosa.-Dije.- Si aún queda tiempo hasta el eclipse y sólo entonces la maldición desaparece, ¿Por qué hay secuaces del submundo aquí?- señalé la tierra.

-Nadie dijo que serían seres de la Fórcida Yanet. Pero si lo eran, han saboreado su propia moneda. El fuego.- Duque miró a Bruna que yacía en el suelo apoyada contra un árbol. Me senté al lado de Alex.

- Bruna es una chica caliente.- declaró Alex. Abrí los ojos como platos y le propiné un codazo.- ¡¿Qué?!, ¿Acaso miento?

-No se la temperatura corpórea de Bruna, pero estoy segura que es menor que la que tienes ahora mismo encima.- Dije separándome un poco de él.

La declaración me dejó algo aturdida. ¿Acaso no deseaba que, por muy vasto que fuera aquel piropo, se refiriera a mi? Bruna es la chica nueva y por tanto terreno desconocido. Lo desconocido atrae y más si es la reencarnación de Angelina Jolie con ojos marrones. Alex se estaba adentrando en aquél terreno.

-No seas tonta Yanet. Tú siempre serás mi chica.- Me rodeó el cuello con un brazo y comenzó a frotarme la cabeza con un puño.

-¡¿Qué haces?! Me estas despeinando. Suelta.- Me zarpé de sus brazos.

-¿Rechazas mis cariños?- Fingió un enfado.

Desde unos matorrales un poco más lejos de donde se situaba Bruna salió Duque, envuelto en un aura misteriosa. Corrí para ver si estaba bien.

-Mal. Mal. Mal. Lo habéis hecho todo mal. Hemos perdido materia mágica, no hemos podido ver la Ilusión de Yanet y encima uno de los hombres ha salido vivo y ahora mismo estará contándole a todos de nuestra presencia.- Se echó las manos a la cabeza.

-Yo... Lo siento Duque. ¡Fue Bruna la que quiso mi materia!, ¿Qué clase de ser eres?- Dije aunque Bruna aún estaba en estado latente.

-Es una Salamandra.- Anticipó a decir Alex.

-¿Y tú como sabes eso mocoso?- Dije desde el suelo, a su lado.

-Tú estuviste horas con mister musculitos sin sacar ningún fruto. Yo al menos aprendí leyendo.-Se encogió de hombros.

-¿Las salamandras no eran peligrosas?

-Creo que acabas de tener una demostración.

-¿Y una salamandra puede ser también una guía de la tierra de Abajo?

-Por supuesto.-Dijo Duque.- Cambiando de tema. ¿Qué hay de la Ilusión?- Se giró hacia mi.

-No lo sé.- Miré al suelo cabizbaja.- No recuerda nada.

-Eso es porque no puedes concentrarte con tanta gente, vamos a un lugar más tranquilo.- Duque cogió mi mano.

-¡Eh, señor musculitos!, Yo tengo el mismo derecho de saberlo como tú.-Alex se puso de pie.

-Tú no tienes ni idea de esto mocoso, ¿Cómo vas a escuchar a alguien si ni siquiera sabes escucharte a ti mismo? Estás desvariando. No sabes aún que eres ni...- Lo miró y luego me miró a mi.- Lo que quieres.

¿Qué quiere Alex?, ¿A mí?, ¿Para qué me quiere? Es imposible, ¿Qué valor tengo yo para Alex? Me estremecí. Seguro que Duque estaba hablando de otra persona. Tal vez Alex me quería para hacer las cosas a su manera y no como Duque está marchando. En ese caso, ¿Qué tengo que necesite Alex?

-Como digas.- Duque tiró de mi hacia el bosque. Me quedé mirando a Alex por arriba de mi hombro. Miré sus adormilados ojos, su cara triste y sus labios, los cuales formaban un arco en depresión.

Dentro de mi había algo que me instaba a seguir a su lado, en el lado de la resistencia, de no creer en todo aquello. Pero por otro, ¿Por qué preocuparse de mi si podía meterse en terreno desconocido? Duque seguía tirando de mi mano cuando llegamos hasta un claro de bosque. Recé porque supiera volver.

-Duque ya te he dicho que no recuerdo nada. No se como tengo que hablar para que me tomes en serio.- Me paré frente a él.

-Oh, Oh. La pequeña Yanet quiere jugar a ser mayor. Venga, suéltalo. Sabes que siempre he sido un apoyo para ti.- Me tocó el pelo, balanceándolo sobre los hombros para que finalizaran meciéndose a la altura del pecho derecho. Apoyó sus antebrazos en mis clavículas. Odiaba esa proximidad y a la misma vez adoraba su atractivo.

-Yo no estoy tan segura.- Duque frunció el ceño como pidiendo el por qué.-Nunca has dejado que los demás participen. No has dejado que tome mis decisiones.

-¿Quién fue la que se perdió en el bosque? Venga, apúntame de nuevo con la espada y veamos lo que consigues sacarme ahora.- Duque acercó su cuerpo al mío y bajó sus amplias manos hasta mi cintura.- ¿A caso no fue idea tuya lo de seguir con esta búsqueda macabra?

-Sólo intento tomar decisiones. Y perdón por lo del otro día. Fue un arrebato de desesperación. Jamás te haría daño. Yo...- Bajé la cara y de inmediato Duque me levantó la barbilla con la mano.

-No pidas perdón, me estás siendo muy útil.- Fruncí el ceño pensando en esa frase que se repitió en mi cabeza una y otra vez. El aspecto de Duque no detonaba así que supongo que se refería a las Ilusions.

-¿Tú nunca Tienes Ilusions?- Me atreví a preguntar. Él asintió.

- Cuando pasas la fase de transición son más inusuales. Además, desarrollas tu don y con el tiempo puedes elegir qué ilusión ver y cuando. Las controlo.

-¿Y por qué no usas tu poder para saber qué ocurrirá con nosotros?- Sus ojos miraban los míos, como si de ellos pudieran sacar toda la información que contengo.

-Te has olvidado de nuevo de lo fundamental. Estamos acumulando materia. Si utilizo mi don perdería mucha energía y materia. Aún así, ahora soy incapaz de crear una ilusión o un círculo como el que hiciste tu la ultima semana. Yo no estoy en la fase de transición ni tengo tanta materia acumulada como tú.- Sonó un “tú” larguísimo.- ¿Te das cuenta que eres la única Ilusioner que existe que puede abrir círculos por sí sola? Yo no podría sin tu ayuda.- ¿Iría por eso lo de “me estás siendo muy útil”?

-Me alegra que pueda ayudar tanto.- Sonreí.

-Ahora pequeña; si me contaras tu última ilusión me harías muy feliz.- Fingí parecer interesada en decírsela aunque no la recordaba.

-Hagamos un trato.- Duque se apartó algo de mi y yo apoyé mis manos en su fornido pecho.- Te contaré la Ilusión, cuando yo vea una tuya.

-¿Pretendes verla? Tendrás que estar pegada a mi todo el rato por si acaso no llegas a tiempo.- Sonrió mostrando sus colmillos.

-Correré el riesgo de perderla.- Reí.

-¡¿Significa que no quieres estar a mi lado?!- Me meció de un lado a otro con los brazos rodeados a mi.

-En absoluto...- Rocé su barbilla con mi mano y miré sus trianguladas facciones. Por un momento pensé que sus ojos se tornaban rojos, pero cuando parpadeé de nuevo seguían de aquél esmeralda mate tan familiar para mi.

¿Eso es lo que quería? Estar a su lado. No lo sabía bien. El corazón me estaba latiendo tan fuerte que parecía que estuviera intentando salir. Como una mariposa que cada vez vuela más y más alto hasta que sólo la mira alcanza a atraparla.

Dejé caer mis brazos alrededor de su cuello y cerré los ojos. Sentí la inminente presión sobre mis labios entreabiertos. Sentí como mi labio superior quedaba atrapado por los dos de Duque. Boqueé como un pececillo sin moverme. Apretó su cuerpo al mío, su cintura con la mía. Salté sobre él rodeando su tórax con las piernas y él me agarró con más fuerzas. Jugamos a atraparnos con los dientes. Sus colmillos me herían pero no podía parar, sin saber por qué esa macabra sensación me estaba gustando. Podía engulliste ahora y me seguiría gustando.

Sentí el viscoso mejunje rojo salir de mi garganta. Sus dientes no paraban de apretar. Y cuanto más sangraba con más fuerza insistía.

Entonces una frase me volvió a la cabeza. No sabía qué significaba, sería otro misterio como el del extraño símbolo en la pared de mi habitación. Resonaba dentro de mi y se apoderaba de mi ser. Era superior.

<<-Nos abstendremos a las consecuencias más tarde.
-Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde.>>

“Quizás cuando lo hagamos, ya será demasiado tarde”

Respiré. Me solté y respiré. Miré a Duque y respiré. Espiré.

                                                            *   *   *

-¿Ya venís de meterse mano?- Chilló Nausicaa.- ¡Buscarse un hotel!- No me percaté de que mi mano se mecía con la de Duque.

Alex alzó la mirada aún cansada. Desde hacía unos día la luz que brillaba a su alrededor había ido consumiéndose hasta llegar a ser nula. Bruna estaba a su lado y miró con reproche a Duque pero lo disimuló puesto que no era totalmente evidente lo que había pasado en el bosque. Ni si quiera yo estaba segura de lo que había pasado.

-¿Podemos ahorrarnos las explicaciones e ir al grano?- Dijo la chica con repugnancia hacia Duque.- ¿Dónde vamos ahora?- Miró a Alex.

Este se levantó de un tronco donde estaba sentado. Se crujió los dedos de las manos y la cabeza.

-¿Preparados para presenciar mis dotes?- Todos asentimos de mala gana. Giró sobre sí mismo y tras varios pasos atrás y delante optó por pasar por el medio del bosque.

-¡Moveos!

 
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Capítulo 20, segunda parte.





Ω

<< Había algo de extraño en todo aquello.
La ciudad había cambiado. Exteriormente nadie lo percibiría, pero Yanet sabía muy bien que desde ahora en adelante nada sería lo mismo. Se había marchado y ahora, estaba sola.
 Su cuarto estaba lleno de polvo. La cama intacta, tal y como la dejó hace un año. Se sentía crecida, más madura. Después de todo lo que había sucedido no sentirse así sería extraño.
Miró por la ventana. Desde allí podía saborear el caos. Todo aquello, era culpa suya.
Algo crujió a sus espaldas. Volteó apresuradamente y se apoyó en el borde de la venta, espantada mirando lo que se alzaba ante ella.
Izabel.
Ahogó un grito. Quiso retroceder pero la pared se lo impedía. Había estado ya en frente de ella, pero sin saber por qué esos ojos cada vez le parecían más verdes. Eran capaces de incrustarte el pavor en las entrañas de manera permanente. Yanet tragó saliva cada vez más aferrada al bordillo de la ventana. Debajo de la larga y negra capucha que escondía a aquella mujer, Yanet pareció atisbar ira.
-Izabel.- Logró mascullar entre dientes.
-¿Creías que no podíamos seguirte hasta aquí?- Fue caminando lentamente de lado a lado por la habitación.- ¿Creíste que estarías al resguardo en tu mundo?, ¿Creíste que te librarías de nosotros así como así?- La mujer frenó en el escritorio donde descansaba uno de los libros de Emily Dickinson que tanto le gustaban a Ágata.- ¿Acaso no vistes lo que le pasó a tu madre?, ¿No crees que fueron demasiadas coincidencias?- Agarró el libro entre sus blancos dedos. Cada vez con más fuerza.- Nuestros poderes han crecido desde los últimos 100 años. Una cosa tan simple como crear un círculo hacia Arriba pudimos hacerlo todos. Lo demás lo hiciste tú solita.
-Fuisteis vosotros...¡Vosotros fuisteis quienes organizasteis todo para que acabara en tragedia!- Por primera vez Yanet estaba separada de la pared plantándole cara a Izabel desde dos metros. El libro que aún sostenía esta entre sus manos empezó a echar un hilillo de humo.
-Yo no estoy hablando de un “Nosotros”. Creo que es algo más personal.
-Severus.- El libro comenzó a arder y parecía que los ojos de ambas chicas lo hacían también. Se miraron como si pudieran asomarse al interior de cada una. Ahora la guerra sería únicamente entre ella y el submundo.-¡Juro que no saldrás con la tuya!, ¡Juro que jamás os dejaré huir ilesos!
-Yo no juraría tanto muchachita. Yo rezaría.- Tras ello un crujido. Y en un abrir y cerrar de ojos la habitación quedó vacía. Yanet se arrojó al suelo llorando ante las cenizas del libro. En tal manera, también eran las cenizas de su madre.>>


La luz del amanecer dorado irritó mis pupilas. Intenté reflexionar sobre lo que acababa de ver. Pero el recuerdo me venía desde muy lejos. Como los sueños, que cada día que pasa te acuerdas menos y menos de ellos.

Empecé parpadeando rápidamente y apenas hube enfocado, pude saborear el frescor del aire matutino. El cielo se habría ante mi. Pulido, brillante, celeste. Parecía que las nubes pasaban deprisa, más de lo habitual. Pero fue entonces cuando me di cuenta de que no eran las nubes lo que se movían, sino yo.

Un bache hizo que mi cabeza rebotara contra el suelo en el que estaba apoyada. Me rasqué la coronilla palpando el promontorio que se me estaba haciendo por el golpe. ¿Qué había sucedido? estaba en lo que parecía ser una especie de cárcel móvil- Una carroza de madera rodeada de barrotes paralelos y perpendiculares-. A unos palmos de mi estaba Bruna apoyando su espalda en una de las paredes de garrotes y con los pies y las manos atados. Quedé perpleja e intenté recomponerme sentada, pero algo impedía a mis pies y manos separarse. Mi corazón se aceleró más cuando descubrí que mi boca estaba sellada con un esparadrapo. Los demás también estaban cerca de mi, concretamente rodeándome en forma de media luna. Todos estaban en posición fetal en aquel cachivache que no paraba de pegar botes.

Empecé a mandar miradas a todos y a intentar liberarme de aquellas esclavas. Visualicé la mochila de Alex en un rincón de la jaula. Mis compañeros parecían adormilados, supongo, que sabrían que no teníamos escapatoria. Bruna era la única que no tenía trapo en la boca. Intenté relinchar pero los demás me mandaban callar abriendo los ojos y haciendo gestos.

A través de los barrotes podía ver un paisaje frondoso, como el de la noche anterior. Me pregunté a dónde nos llevarían y para qué nos necesitaban. ¿Y si son los secuaces del Inframundo? Sólo pensarlo me entraban escalofríos y una marea de lágrimas empezó a surcar mi mejilla derecha que lentamente se iban posando en la madera del cachivache ya que mi cara estaba estrellada contra ella.

-Eh, tú.-Dijo en voz baja Bruna. Emití un gemido de respuesta.-Necesito tu ayuda, transmíteme algo de materia mágica.- Entrecerré los ojos y negué tajantemente. Ella se enfadó.- ¿Quieres salir de aquí o no?

Me lo pensé y repensé varias veces y miré a la cara dormida de Duque cuestionándome qué diría él sobre aquella idea. Nausicaa estaba escuchando todo. Miré a Bruna e intenté coger con los pies la mochila donde estaba la esfera. Pero nada. Miré de nuevo a la chica con cara de impotencia. Ella puso los ojos en blanco. Busqué ayuda en Nausi, pero ella no podía tampoco hablar. Mi mente estallaba. Quería salir, salir de aquí. O más incluso.

Quería salir de mí misma.
No quería ser yo.

Sin darme cuenta, Nausicaa había pasado de tener los ojos amarillos a tenerlos blancos. Me asusté y retrocedí como pude. Bruna también la miraba y mientras, intentaba despertar a Duque y a Alex sin respuesta. Los pelos de la Dríade empezaron a flotar, entonces fue cuando recordé el día que abrimos aquel libro. Ese que nos llevará a la tumba si nos descuidamos, ese que nos arrastró hasta aquí. Hasta el infierno.

De repente un crujido hizo a todos despertarse. Los pájaros salieron volando de sus nidos, como si hubiera sido una trampa para ellos y ahora se hubieran dado cuenta todos a la vez. Un leve temblor nos sacudió e ipso facto las raíces de los árboles se alzaron de la tierra farragosa lanzando ramas por todos lados y retorciéndose por los barrotes. Para entonces Nausicaa no había parpadeado aún.

Una de las pequeñas raíces recorrió el carruaje desde donde estaba yo tumbada hasta la esquina contraria enlazándose en la cremallera, abriéndola y sacando una esfera irriadando luz. La pequeña bola rodó hasta mis manos entrelazadas. Los secuaces que conducían el carro tirado por caballos se volvieron hacia nosotros. No podía verlos, pero no parecían monstruos.

Bruna se acercó a mi aprovechando el descontrol del carro, -Ya que ahora sólo lo conducía una persona y la otra se estaba acercando a nosotros.- que giró bruscamente y quedamos todos apretujados en una esquina.

-¡Vamos!- dijo poniendo encima de mis manos las suyas como pudo.- Concéntrate Yanet.

Y lo hice. Bruna abrió sus ojos justo cuando uno de los secuaces se introdujo en la jaula con nosotros. Las telas que rodeaban sus muñeca y sus tobillos se hicieron cenizas. Sus ojos era rojos, más incluso que su camiseta Burdeos. Un viento cálido azotó mi cara. Sentí la madera agrietarse, fundirse, expandirse. La chica ahora estaba de pie con los ojos fijo en el individuo encapuchado que tenía en frente. Sus labios se separaron poco a poco y de ellos, una bola de fuego. Parecía el sol.

-          Sol lucet ómnibus*, ¿Verdad?- Dijo mientras el hombre retrocedía.- Yo no estaría tan segura.

Entonces la bola se acercó velozmente al cuerpo del secuaz y cuando lo rozó, ésta se hizo más intensa, emitiendo una luz blanca que me cegó por unos segundos. El tiempo que tardé en abrir los ojos y la carroza se había fundido, al igual que el cuerpo chamuscado del secuestrador.

Bruna cayó al suelo exhausta.

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*Latinismo antiguo que significa que el sol luce para todo el mundo.

 
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